Domingo, 16.06.2019 - 23:40 h
El 'bike sharing' llega para quedarse

El transporte del futuro no es nuevo, tiene dos ruedas y se llama bicicleta

La bici sigue siendo el vehículo más barato, sostenible y eficaz para desplazarse en distancias cortas y su electrificación va a hacerla omnipresente.

El 'bike sharing' es el verdadero futuro del transporte / Pixabay
El 'bike sharing' es el verdadero futuro del transporte / Pixabay

Se ha hablado largo y tendido de cómo la tecnología podría revolucionar el mundo del transporte, gracias a los coches autónomos, los drones y los trenes de altísima velocidad –como Hyperloop–. Pero quizás el vehículo más utilizado en un futuro cercano no sea ninguno de estos nuevos inventos, sino un artilugio inventado en el siglo XIX y bien conocido por todos: la bicicleta.

Este medio de transporte sigue siendo el más barato, sostenible y eficaz para desplazarse en distancias cortas, como son las de una ciudad (donde mayor es el problema de la contaminación), y su uso no para de crecer en todo el mundo.

Según el último Barómetro de la bicicleta en España, elaborado por la Red de Ciudades por la Bicicleta y la Dirección General de Tráfico y publicado a finales de 2017, un 31 % de la población utiliza la bicicleta con frecuencia (a diario o casi, más de una vez a la semana o los fines de semana), un dato que en 2013 era de solo el 14 %. El porcentaje es, no obstante, muy inferior al de otros países europeos como Holanda, Finlandia o Dinamarca, donde más de la mitad de la población se desplaza en bici a diario.

Ahora bien, el creciente uso de la bicicleta también está acompañado de un cambio tecnológico. Aunque, en esencia, el vehículo no es muy distinto al que desarrollo Karl Drais en 1817, las bicicletas son cada vez más cómodas, rápidas y asequibles, algo a lo que está contribuyendo enormemente los servicios de bike sharing.

Este modelo, que se ha hecho enormemente popular en China, permite alquilar las bicis para un trayecto (a un precio muy asequible) y dejarlas aparcadas en estaciones o, algo cada vez más habitual, en cualquier espacio dentro de un área asignada. Aunque esto puede ocasionar problemas de aparcamiento –en China el asunto se les ha ido de las manos, y hay aceras por las que apenas se puede caminar dada la enorme cantidad de bicicletas aparcadas–, lo cierto es que puede suponer una revolución en el transporte urbano, aún más importante que la del car sharing.

Las estaciones de bicicletas impiden que el modelo se extienda aún más / Pixabay
Las estaciones de bicicletas impiden que el modelo se extienda aún más / Pixabay

Bicicletas por doquier

Según apunta Clive Thompson en Wired, el bike sharing sin estaciones está ya siendo un éxito en ciudades como Seattle, dado que es muy económico y no requiere ningún tipo de inversión ni planificación. En España, donde ya han desembarcado empresas chinas como Ofo, los viajes cuestan solo 50 céntimos la media hora: mucho más barato que el servicio del ayuntamiento, aunque este es eléctrico.

La electricidad, claro, jugará un importante papel en el futuro del modelo, cuando sea posible ofrecer bicis eléctricas sin necesidad de aparcar estas en estaciones concretas, algo que limita mucho la accesibilidad del sistema.

Dado que las baterías son cada vez más baratas y ligeras ya están apareciendo empresas que ofrecen este servicio. Es el caso de Jump Bikes, que ya ofrece bicis eléctricas compartidas en San Francisco y Washington. El CEO de la compañía, Ryan Rzepecki, apunta en Wired que las bicis eléctricas desbancarán las convencionales, pues es posible utilizarlas sin llegar sudado a la oficina: “La cantidad de personas que están dispuestas a usar bicicletas eléctricas es probablemente 10 veces mayor que la de las personas que están dispuestas a montar una bicicleta normal”.

El modelo tiene límites, pues solo sirve para el transporte intraurbano, pero, siempre que se limite el número de licencias y las zonas de aparcamiento –para que no ocurra como en Shanghái, donde hay 1,5 millones de bicicletas compartidas en las calles, muchas de ellas prácticamente abandonadas–, puede ser un rotundo éxito.

“La revolución de la tecnología de la bicicleta nos recuerda que la innovación no siempre consiste en desarrollar algo totalmente nuevo”, concluye Thompson. “A menudo es igual de poderoso mezclar una herramienta vieja y robusta que funciona bien con un poco de nueva tecnología para mejorarla. A veces realmente no necesitas reinventar la rueda”.

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