Jueves, 24.05.2018 - 12:01 h
Nec Otium

Por qué insultar es bueno y cumple una función (también en el trabajo)

“Hay una razón por la cual el jurar es una práctica universal. En realidad, tiene muchos beneficios”, asegura la doctora Emma Byrne

Por qué insultar es bueno y cumple un papel (también laboral)
Insultar parece que no siempre es negativo.

Son las primeras expresiones que aprendemos a decir en cualquier idioma y, aunque con diferente frecuencia, todos las utilizamos. Las “palabrotas”, como solemos decir a los niños para que no las pronuncien, cambian con el tiempo, pero siempre han existido. Y es por algo.

“La mayoría de nosotros hemos sido educados para pensar que maldecir es un vicio que debe ser curado”, apunta la científica y periodista Emma Byrne en The Wall Street Journal. “Pero hay una razón por la cual el jurar es una práctica universal, a través del tiempo y el lugar. En realidad, tiene muchos beneficios”.

Esta es la premisa de Swearing Is Good for You, el libro en el que la propia Byrne explica, citando decenas de estudios científicos al respecto, porque en todas las culturas existen palabras tabú, socialmente proscritas salvo en determinadas situaciones.

“Sabemos que maldecir hace algo a nuestra fisiología”, apunta Byrne. “Cuando escuchas o utilizas palabrotas, tu ritmo cardíaco se acelera, tus palmas se vuelven sudorosas y tu estado emocional, sea el que sea, se intensifica”.

Curiosamente, se trata además de un efecto que solo tienen las palabras que verdaderamente consideramos como un taco. Uno de los investigadores que más han estudiado el efecto de las maldiciones en los seres humanos, el psicólogo Richard Stephens, de la Keele University en Starffordshire (Inglaterra), ha descubierto que los sucedáneos–como podría ser en castellano “me cago en diez”– no actúan de la misma forma.

En su libro, Byrne explica los diferentes beneficios que puede reportar insultar. Son estos:

1. Reduce el dolor y nos hace más fuertes

Stephens y sus colegas han descubierto que las personas pueden mantener sus manos sumergidas en agua con hielo alrededor de un 50% más tiempo cuando juran en comparación a cuando usan una palabra neutral. Para ello pidió a los participantes que usaran los improperios que utilizarían si les dejaran caer un martillo sobre el pulgar.

Los voluntarios también aseguraron que el agua se sentía menos fría cuando estaban maldiciendo. Las palabrotas, asegura Byrne, aparentemente nos hacen más fuertes.

2. Mejoran nuestra capacidad de realizar actividades exigentes

Un estudio publicado recientemente en la revista Psychology of Sport and Exercise muestra que insultar incrementa la fuerza y la resistencia. En el experimiento, 52 voluntarios apretaron un dispositivo de medición tan fuerte como pudieron durante dos minutos. Los que fueron invitados a maldecir durante esta tarea pudieron ejercer significativamente más fuerza durante más tiempo.

La escritora Emma Byrne / EB
La escritora Emma Byrne / EB

3. Ayuda a aliviar sentimientos de rechazo o exclusión

En 2012, investigadores de la Universidad de Queensland, Australia, pidieron a 70 voluntarios, poco más de la mitad de ellos hombres, que recordaran una experiencia de exclusión o inclusión en un grupo. Descubrieron que maldecir después de rememorar un evento dañino reducía el dolor asociado con el recuerdo.

Como apunta Byrne en el volumen, este hallazgo es consistente con otras investigaciones que muestran que una dosis terapéutica de acetaminofeno o cannabis también reduce el dolor social. Al igual que en el experimento del agua helada, maldecir parece actuar como un analgésico.

4. Sirve para fortalecer los grupos

Estudios australianos y neozelandeses, realizados en sectores tecnológicos y fabriles, muestran que soltar una palabrota asociada a sentimientos de frustración, diversión o simpatía entre los miembros de un nuevo grupo social es un barómetro importante de la confianza en el mismo. Tendemos a jurar solo entre aquellos a quienes otorgamos cierto nivel de intimidad, y es una actitud que puede ayudar a crear confianza.

“La investigación muestra que jurar puede ayudar a formar equipos en el lugar de trabajo”, apunta Byrne en otro artículo sobre su libro publicado en The Guardian. “Desde la fábrica hasta el quirófano, los científicos han demostrado que los equipos que comparten un léxico vulgar tienden a trabajar más efectivamente juntos, sentirse más cercanos y ser más productivos que aquellos que no lo hacen”.

5. Limita la agresividad física

En opinión de Byrne, incluso cuando los insultos se utilizan de forma violenta tienen algunos beneficios. “Es una señal de escalamiento, una advertencia para dar espacio a alguien antes de que ocurra la violencia”, asegura la investigadora. “Sin maldecir, podríamos experimentar más conflictos físicos en momentos de gran presión”.

Temas relacionados

Ahora en portada

Comentarios