Martes, 26.03.2019 - 00:03 h
Un vacío legal

¿Puede una Inteligencia Artificial ser considerada persona jurídica?

Dependiendo de la jurisdicción de cada país, existen tretas por las que se puede dar a una IA los derechos de una persona. Y es peligroso

Parece simpático, hasta que te enfrentas a él en un juicio. / Pixabay
Parece simpático, hasta que te enfrentas a él en un juicio. / Pixabay

No somos nosotros, el ser humano, las únicas personas en la faz de la tierra. Quizá sí las únicas de carne y hueso. Pero la figura de la persona jurídica atraviesa cualquier tejido. Si hace más de un siglo a las empresas de EEUU se les adjudicó derechos que hasta el momento solo estaban adheridos al ser humano, ¿qué impide que no se les adjudique a una Inteligencia Artificial?

No hace falta remontarse tan atrás en el tiempo para toparse con un tema que a día de hoy es bastante discutido. La tendencia del hombre a proteger todo lo que le pertenece lo ha puesto fácil. A finales del siglo XIX, los EEUU cambiaban un par de leyes para dotar a sus empresas y grandes corporaciones de los derechos de libertad de expresión y religión. De hecho, su Corte Suprema ha elaborado sentencias en las que acabó protegiendo los derechos de diferentes empresas.

Pero no nos hemos quedado ahí. Para proteger la naturaleza también se han cambiado, o mejor dicho, creado nuevas leyes. En concreto, en Nueva Zelanda, como cuenta Chip Colwell en un artículo de The Conversation. 

En 2014 se aprobó la Ley Te Urewera. Esta ley dice que "Te Urewera tiene una identidad en sí misma". Te Urewera es un bosque de 821 millas cuadradas que es sagrado para el pueblo tūhoe, un grupo indígena de los maoríes. Para ellos, Te Urewera es una patria ancestral, pero también es un antepasado vivo. “La Ley Te Urewera concluye que ‘Te Urewera es una identidad en sí misma’, y por lo tanto debe ser su propia entidad con ‘todos los derechos, poderes, deberes y responsabilidades de una persona jurídica’", dice Colwell.

De cara a la Inteligencia artificial, sin ir más lejos, en 2016, la eurodiputada Mady Delvaux presentó un informe para pedir a la comisión varias propuestas, entre ellas “el reconocimiento de una personalidad jurídica específica para los robots, de modo que los más autónomos puedan ser considerados personas electrónicas con derechos y obligaciones específicas, incluida la obligación de reparar los daños que puedan causar”.

Robot Vera / Stafory
Robot Vera / Stafory

La realidad es que, sin modificar ninguna ley, ya se puede

Que una IA pueda tener una personalidad jurídica es ya más que viable. Esto es así, y lo es en EE.UU. Lo dice Shawn Bayer, un investigador legal, según cuenta un artículo de The Coversation escrito por Roman V. Yampolskiy.

“Otorgar a los AI derechos similares a los humanos implica una técnica de maniobra legal. Y esta maniobra comienza cuando una persona configura dos compañías de responsabilidad limitada y transfiere el control de cada una de ellas a un sistema independiente autónomo; artificialmente independiente”, comenta Yampolskiy. El siguiente paso sería agregar a cada compañía como miembro de la otra. Y por último, la persona persona humana encargada de todo el tramite, se retiraría de ambas empresas, dejando a cada una de ellas, entidades corporativas con personalidad jurídica, gobernada únicamente por el sistema de IA de la otra”, explica Yampolskiy.

Realmente se trata de un vacío legal que acabaría por dotar a una IA de todos los derechos de una persona jurídica. “Si esa maniobra se confirmara en los tribunales, los sistemas de Inteligencia Artificial podrían poseer propiedades, demandar, contratar abogados y disfrutar de la libertad de expresión y otras protecciones bajo la ley”, asegura Yampolskiy.

No hablamos de la total independencia inteligible. Hablamos de cualquier IA que queramos pensar. En el fondo se trata de agujeros en las leyes por los que se le podría llegar a dotar a cualquier IA de una personalidad Jurídica. De hecho, no requiere que el sistema informático tenga un nivel particular de inteligencia. “Podría ser simplemente una secuencia de afirmaciones, que busca en el mercado de valores y toma decisiones de compra y venta en función de los precios que suben o bajan. Incluso podría ser un algoritmo que toma decisiones al azar, o incluso la emulación de una ameba”, asegura Yampolskiy.

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