Aterrizar con buen pie

Cuánto tiempo tarda un empleado en ser productivo: la regla de los seis meses

Al llegar a una nueva empresa, existe un período de adaptación crítico que, de no cumplirse, puede derivar en despido o abandono prematuro del proyecto.

La productividad es más alta a primera hora de la mañana, según los expertos.
Cuánto tiempo tarda un empleado en ser productivo: la regla de los seis meses.
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Aterrizar en un nuevo trabajo casi nunca suele ser llegar y besar el santo: por mucha preparación o experiencia que se cuente para el puesto, cada empresa es un mundo y la forma de trabajar que servía para el empleo anterior quizás no sea efectiva para el siguiente. Quizás por eso, cada vez más compañías incluyen un período de formación de varias semanas para suavizar el aterrizaje de su nuevo empleado. Porque reducir el tiempo de adaptación suele traducirse en una menor tasa de abandono o despido tempranos, así como un menor tiempo necesario para alcanzar el pico de productividad deseado por la compañía. De media, se tarda seis meses en llegar a él.

Evidentemente, la regla de los seis meses no es perfecta: hay quien precisa de más tiempo y quien a las pocas semanas ya es productivo. Sin embargo, cuando las empresas incluyen un período de prueba a la hora de contratar a un nuevo empleado, de entre tres y seis meses por lo general en contrataciones indefinidas, lo hacen precisamente porque son conscientes de que la adaptación al nuevo proyecto, la cultura corporativa o la mecánica de trabajo no siempre es inmediata. Es decir, que las empresas dan por hecho que esos primeros meses de un empleado suelen ser 'a fondo perdido'; una inversión a medio/largo plazo que requiere de paciencia.

En total, los primeros dos años de un empleado en una compañía suelen ser críticos, según los expertos. Aunque a los seis meses ya se espera que el empleado alcance el punto óptimo de productividad esperado, no es hasta los 18 meses cuando éste se suele sentir integrado en la cultura de la empresa y, a partir de los 24 meses, es cuando un empleado conoce a fondo la estrategia empresarial. Por eso, la tasa de abandono o despido en ese período es relativamente alta, especialmente entre las empresas con un modelo que asume una elevada tasa de rotación en su plantilla.

Uno de cada cuatro cambia de trabajo antes del primer año

Pero no solo ocurre en empleos temporales. Cuando un empleado deja su empleo prematuramente, el coste para la compañía es sumamente alto: un reciente informe de Universia estima que cuesta tres veces más una nueva contratación que retener y formar el talento propio. Y es algo realmente preocupante, ya que los últimos estudios apuntan a que casi el 33% de los empleados buscan un nuevo trabajo dentro de sus primeros seis meses en una compañía (entre los 'millennials', ese porcentaje es aún mayor ... y ocurre antes), mientras que el 23% de las nuevas contrataciones se cambia de trabajo antes de cumplir su primer año en la empresa.

En este sentido, en España el período de adaptación suele ser más rápido que en otros lugares del mundo: en EEUU se estima que un empleado recién contratado tarda ocho meses en alcanzar el pico de productividad deseado por la empresa. Un problema de decalaje que suele perjudicar más a aquellas compañías que no cuentan con sólidas políticas de retención de talento, pero que también afecta al trabajador, ya que según un estudio de TalentWorks, dejar un empleo antes de los primeros 15 meses es equivalente a borrar casi cinco años de experiencia del currículum.

De ahí el valor de crear una cultura empresarial atractiva y de contar con programas de formación o 'training' para los nuevos empleados. De hecho, a pesar de que el tiempo medio que se pasa en una empresa ha disminuido drásticamente en las últimas dos décadas, una de las mejores estrategias de RRHH para una empresa suele ser establecer una 'cantera' de éxito para disponer de personal formado desde dentro. En este sentido, los becarios, condenados a la precariedad en los últimos tiempos, pueden ser la mejor solución: al principio suponen un coste bajo para la compañía, se puede tutelar su primer contacto con el mundo laboral y, cuando se les contrata, suelen haber asimilado antes que nadie la filosofía de la empresa.

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