En vísperas del G-20

Alerta roja de Draghi: se atrinchera con los tipos por miedo a la guerra comercial

Los gobernadores de los dos bancos centrales más poderosos revelan que están abiertos a bajar los tipos por las actuales señales del comercio mundial.

Draghi pone el dedo en la llaga de los bancos
Alerta roja: la tensión comercial enciende la alarma en Draghi y Powell. / EFE

Por más alivio que parezca la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de mantener los tipos de interés y evitar un encarecimiento de los costes a las empresas, lo que la decisión anunciada por Mario Draghi no puede ocultar es que suenan tambores de crisis a medio plazo en la economía europea a partir de los sectores básicos más implicados en el comercio internacional, como la automoción y los bienes de equipo. La guerra comercial entre Estados Unidos y China, el recrudecimiento del ‘Brexit’, calentado con la visita de Donald Trump al Reino Unido y el temor a la inestabilidad de precios en las economías más globalizadas, han hecho que en la discusiones del BCE y del resto de los organismos monetarios mundiales se hable más de facilitar la inversión y el crédito con tipos bajos, que de elevar las tasas para normalizar el escenario económico.

Los principales gestores de fondos de nuestro país nunca temen a los grandes movimientos económicos, siempre que se puedan prever y descontar en sus inversiones de antemano, pero contaban con que habría un final a la relajación monetaria del BCE a finales de este año, con el cierre del grifo para las compras de deuda de los países, que ha sido lo que realmente ha permitido la estabilidad necesaria para que las economías europeas se sustenten estos años. “El problema es que ahora, la decisión de Draghi más que tranquilizar, preocupa, porque da crédito a quienes auguran una contracción del mercado internacional a finales de año o primeros de 2020”, aseguran ahora.

Los efectos de un ‘Brexit duro’ estaban minimizados una vez que desde la UE se ha dado un plazo hasta octubre para que Reino Unido pusiera orden dentro de su batalla política interna, pero la irrupción del presidente de Estados Unidos de esta semana, proponiendo sus propios candidatos a primer ministro y apostando por una ruptura total del mundo anglosajón y la vuelta al “imperio”, ha tornado de nuevo los ánimos del mercado hacia una situación que será dura y complicada entre los actuales socios.

Dentro del Viejo Continente, el comercio alemán se ha resentido mucho por el efecto de los aranceles y el coste de las normativas anticontaminación en uno de sus sectores enseña del comercio exterior, la automoción, y todo lo que conlleva en el resto de la industria auxiliar. Y en Italia la situación política y el déficit estructural que sufre no auguran nada nuevo. Fuentes financieras dedicadas al ámbito internacional han advertido ya que, poco a poco, esa acumulación de inestabilidad ha disparado en los últimos tres años los niveles de impagos y siniestralidad del comercio mundial en esos lugares conflictivos (Reino Unido, Italia, China y Estados Unidos), y amenaza con que la contracción mundial volverá el año que viene por el mismo camino por el que se fue: el del comercio exterior.

La visión de Draghi

Todos los ojos están puestos en la reunión del G-20 de finales de este mes (28 y 29 de junio) y la amenaza de Trump de incrementar aún más los aranceles a los productos chinos y del resto el mundo, por 300.000 millones de coste que tienen aún en cartera. China ha tomado medidas para evitar un duro impacto de esas políticas, de forma que la contracción de un punto que se preveía se quedará en apenas tres décimas, según estiman los analistas, pero “un encuentro entre ambas partes antes del G-20 que hiciera ver que puede haber acuerdo sería básico para levantar las expectativas”, según explicaba esta semana Goldman Sachs.

Durante su comparecencia tras la decisión de tipos de interés, Draghi advirtió del deterioro de las condiciones de financiación desde la última reunión por culpa del proteccionismo que se está levantando desde EEUU y que está obligando a responder a otras grandes áreas económicas como China o la propia Unión Europea (UE). El ‘guardián del euro’ avanzó además que, pese a que la decisión de mantener tipos se ha adoptado por unanimidad, se baraja resucitar la artillería monetaria en el seno del BCE.

Varios miembros del Consejo de Gobierno plantearon la posibilidad de recortes de tipos, otros apuntaron la posibilidad de reiniciar la aplicación del programa de recompra de deuda (QE) o la extensión de la ‘orientación a futuro’ (forward guidance)”, es decir, de la línea temporal imaginaria que da certezas sobre cómo evolucionarán los tipos de interés en el área euro. Por el momento, el BCE ha desplazado de finales de 2019 al primer semestre de 2020 ese posible movimiento al alza del precio del dinero, aunque tendrá que ser el sustituto de Draghi, ya que el italiano abandonará el banco central en octubre.

¿Rescatar el QE?

Mientras tanto, el BCE sigue reinvirtiendo en más compras de deuda los rendimientos de su gigantesca cartera. El banco central acumulaba 2,5 millones de euros en activos, incluyendo 2,1 billones en deuda pública, al cierre de 2018. De ellos, más de 260.000 millones eran deuda de emisores españoles, en su mayoría, bonos del Tesoro Público. Es el denominado 'Quantitative Easing' (QE) que ha permitido mantener bajo control las primas de riesgo y los costes de financiación de empresas y estados desde 2015. Que en el BCE se hayan planteado bajar tipos, elevar la penalización a los depósitos bancarios y volver a reactivar el programa de recompra de deuda solo significa una cosa: vienen curvas.

Otros bancos centrales como el de Australia ya han tomado cartas en el asunto con la primera bajada de tipos (un cuarto, hasta 1,25%) desde agosto de 2016, el verano posterior al Brexit que sacudió los mercados. El presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, también se ha abierto a bajar los tipos de interés en EEUU pese su hoja de ruta seguía marcando subidas de tipos. “No sabemos cómo o cuándo se resolverán estos problemas. Estamos monitorizando de cerca las implicaciones de estos acontecimientos para la perspectiva económica de los EEUU. Y, como siempre, actuaremos según sea apropiado para sostener la expansión [económica]”, dijo Powell.

Definitivamente, las tensiones comerciales y el proteccionismo económico se han convertido en el nuevo vocabulario de uso diario de los banqueros centrales porque el daño a la economía comienza a ser real. Y en todas esas conversaciones está, sin nombrarlo, Donald Trump y su cruzada comercial. La amenaza de un aumento de los aranceles en forma de 5% mensual a México hasta que firme un acuerdo, los 300.000 millones adicionales a China, la ‘lista negra’ de empresas chinas que pueden hacer negocios en EEUU o el aumento de los aranceles a los fabricantes de coches de Europa y Japón han tensado la cuerda hasta el punto de que está a punto de romperse.

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