Sábado, 18.01.2020 - 19:57 h
Deforestación masiva por la desertización

El café desaparecerá en 30 años por culpa del cambio climático si no hacemos nada

La planta está amenazada por un hongo y, por el calentamiento global, los suelos en los que se cultiva el grano podrían dejar de ser fértiles en 2050.

El café y la leche
El café desaparecerá en 30 años por el cambio climático si no hacemos nada. / Pixabay

Aunque a menudo pase desapercibido, uno de los daños colaterales más graves del cambio climático -que se analiza estos días en la COP 25 de Madrid- es la escasez de recursos naturales que nos parecen básicos. Además del plátano, que está en peligro de extinción por culpa de un hongo letal más resistente debido al calentamiento global, el café es otro de los recursos que podría desaparecer en las próximas décadas. De hecho, el incesante aumento de las temperaturas, que podría llegar a 3 grados centígrados más que en la actualidad, es la principal amenaza de la planta del café.

La advertencia llega desde Reino Unido, donde los agricultores empiezan a dejar el negocio por culpa del alza de precios, históricamente bajos. La razón detrás de este encarecimiento es la progresiva escasez de los cultivos, por lo que los expertos ya están pidiendo a las empresas que inviertan más para ayudar a los productores cafeteros de los terceros países a comprar nuevas herramientas y plantas para seguir cultivando, tal y como apunta este artículo del 'Daily Mail'.

En este sentido, las temperaturas extremas, el aumento de la humedad y el alza de precios en el mercado ya están obligando a los productores de café a recurrir a otras fuentes de ingresos. Por ejemplo, en Perú se están organizando en cooperativas macroalimentarias (con varios productos al margen del café) para negociar precios y destinar un 10% de los ingresos directamente a los productores, precisamente para que puedan adecuar sus recursos a esta nueva realidad.

Enfermedades, plagas y desertización

Al mismo tiempo, las enfermedades y las plagas están derivando en cosechas cada vez más pequeñas y de peor calidad. La mayor amenaza en este sentido es la roya del café, una enfermedad con el poder de paralizar, o incluso eliminar, la producción. Lleva afectando a los agricultores durante más de un siglo y se caracteriza porque cuando una planta se infecta, sus hojas producen un polvo fino y marrón cuando se rasca, similar al óxido de hierro. La enfermedad, causada por el hongo Hemileia vastatrix, también quita el color de las hojas de un verde brillante a un amarillo parduzco. Al final, la planta pierde todas sus hojas, así como su capacidad para producir grano.

Si no se detecta a tiempo, la enfermedad puede tener consecuencias dramáticas. Por ejemplo, a finales del siglo XIX, Sri Lanka, Filipinas y otros países del sudeste asiático eran los principales exportadores de café del mundo, pero en cuestión de décadas la enfermedad lastró cosechas enteras. Curiosamente, algunos historiadores atribuyen parcialmente este suceso al hecho de que los británicos prefieran el té hoy en día, ya que Sri Lanka se pasó a la producción de té, por lo que el café dejó de ser rentable.

Hoy en día, los agricultores de Arábica, uno de los tipos de café más vendidos del mundo, están abandonando sus granjas o recurriendo a otros cultivos como la caña de azúcar. De hecho, también se ven obligados a cultivar la delicada planta de café en tierras más altas y frías, ya que el aumento de las temperaturas medias anuales hace que grandes extensiones de tierra de otrora ya no sean adecuadas para el cultivo.

El problema de la desertización es tan grave que los expertos temen que más de la mitad de la tierra que se utiliza actualmente para cultivar café en todo el mundo pueda volverse inadecuada para este propósito en 2050. Paralelamente, la pérdida de bosques y zonas verdes en el planeta acentuará aún más la destrucción de ecosistemas clave para mantener zonas húmedas. Es un círculo vicioso que se retroalimenta y que, en todos los escenarios previstos, acaba con tierras continentales yermas e infértiles.

La consecuencia, tal y como advierte la investigación británica, es que la calidad del café podría verse disminuida a medida que los agricultores recurran a nuevas variedades y menores volúmenes de producción, lo que derivará en precios desorbitados, "porque si el 50% de la tierra actualmente utilizada para el café no va a ser adecuada para 2050 y los productores de café están abandonando sus fincas, simplemente no habrá suficiente café".

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