Amenaza con aranceles y sanciones

Rabat pulsa el botón nuclear económico y se prepara para romper con España

El caso Ghali puede desencadenar un aluvión de represalias entre dos países que se necesitan económica y políticamente. El 47,3% de las exportaciones españolas en África tuvieron como destino el país vecino.

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Mohamed VI
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¿Pueden dos naciones vecinas romper relaciones por una simple persona? La respuesta parece que la vamos a ver en apenas unos días y en nuestras propias carnes: entre España y Marruecos. Gran parte de la prensa internacional ha fijado su mirada en España en la última semana. La razón no es el triunfo de Isabel Díaz Ayuso, ni el desembarco masivo de franceses en las terrazas madrileñas. La causa la encontramos en la presencia de uno de los actores más importantes en el Sahara Occidental: Brahim Ghali. Un personaje que puede desencadenar un auténtico aluvión de represalias y sanciones entre dos países que se necesitan económica y políticamente.

El comunicado del Gobierno marroquí con el que Moncloa despertaba el sábado es el presagio de algo que está a punto de suceder: la ruptura de relaciones entre ambos países. El tono del mensaje roza el menosprecio diplomático. “La actitud de algunos funcionarios prejuzgando la reacción marroquí y minimizando el grave impacto en las relaciones no pueden ocultar esta deplorable situación”. ¿Se referirá Rabat a la Ministra de Asuntos Exteriores cuando habla de funcionarios? Probablemente, pero en cualquier caso este comunicado no es otra cosa que la antesala de una serie de medidas que el gobierno alauita podría tomar contra España.

Escenario de represalias

Como es lógico y normal en la práctica diplomática a la que nos tiene acostumbrados, Marruecos no ha podido permanecer callado. “Toma nota”, como destacan en su comunicado. La primera medida tomada por Rabat fue llamar a consultas al Embajador español en el país, Ricardo Diez-Hochleitner, y pedirle explicaciones por la peculiar acogida prestada por parte del Gobierno español a Brahim Ghali, el líder del Frente Polisario al que Marruecos considera un terrorista autor de los más crueles crímenes de guerra. Este gesto suele ser el comienzo del caos diplomático ante el que nos enfrentamos.

Tras la petición de información, el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Naser Burita, lamentó profundamente la actitud de España “que alberga en su suelo al líder de la milicia separatista, acusado de cometer graves crímenes de guerra y graves violaciones de los derechos humanos”. Las palabras de Burita denotan una importante preocupación ante el inevitable empeoramiento de las relaciones entre los dos países. Una situación que parece “contraria al espíritu de colaboración y buena vecindad en un tema fundamental para el pueblo marroquí”.

En 2020, el 47,3% de las exportaciones españolas en África tuvieron como destino Marruecos, una tasa que ascendió al 50,1% en enero de 2021

Marruecos no descarta “tomar medidas más drásticas” en caso de que se viole la integridad territorial del país. En este sentido, Rabat considera como suyas las tierras saharianas, especialmente desde que EEUU apoyara la soberanía marroquí en la zona. Con Argelia de por medio, Marruecos no suele andarse con contemplaciones, especialmente “cuando se trata de cuestiones que afectan a los intereses superiores de Marruecos”.

Entre los temas que pueden estar afectados por estas medidas de represalia aparecen la seguridad, el terrorismo y, por supuesto, la inmigración, donde Marruecos juega un papel fundamental en la gestión de flujos de inmigrantes procedentes tanto de África Sahariana como del propio país. La cuestionada actuación de los agentes de policía marroquíes pondría en peligro la seguridad en las vallas de Ceuta y Melilla y provocarían un aumento del tránsito de inmigrantes hacia aguas andaluzas y canarias, coincidiendo con el buen tiempo estival.

En cualquier caso, la ruptura marroquí tiene un ejemplo contundente en el continuo retraso de la Reunión de Alto Nivel (RAN) entre España y Marruecos. El ministro de exteriores marroquí se mostró pesimista con respecto a una próxima cita al considerar que primero “hay que aclarar muchas cosas”.

El estado de salud de Ghali puede empeorar aun más la tensa relación entre ambos países, especialmente si el juez Pedraz no logra tomar declaración al líder saharaui en una comparecencia que, de producirse el 1 de junio, será de todo menos pacífica.

El botón nuclear económico

En cuanto a las repercusiones económicas, siguiendo los datos proporcionados por el ICEX, España es el primer proveedor y el primer cliente de Marruecos y es el primer socio comercial de nuestro país en África. En 2020, el 47,3% de las exportaciones españolas en África tuvieron como destino Marruecos, una tasa que ascendió al 50,1% en enero de 2021. Las exportaciones españolas alcanzaron los 8.454 millones de euros en 2019, una cifra que disminuyó hasta los 7.381 millones de 2020 debido a la pandemia. Los productos estrella de la exportación son los combustibles minerales, aparatos mecánicos, vehículos, material eléctrico y materias plásticas.

Por su parte, Marruecos exporta a España principalmente aparatos eléctricos, ropa, pescado, vehículos y frutos por un valor de 6.363 millones. Este difícil equilibrio entre nuestra balanza comercial podría verse afectado en caso de que las autoridades marroquíes optaran por aumentar aranceles o bien rediseñar su política comercial con el objetivo de “castigar” cualquier producto procedente de España.

El gran desafío entre ambos países no es tanto el pasado o el presente sino el futuro. La cuestión del Sahara afectará directamente a la delimitación de sus aguas territoriales. La jurisdicción marroquí sobre la plataforma continental abriría la exploración de materias primas y filones de la zona. Esto sí puede suponer un punto de fricción directo entre España y Marruecos al producirse un solapamiento en la jurisdicción de las aguas y concretamente en los yacimientos de Telurio más importantes del mundo: un elemento esencial en la fabricación de paneles solares y baterías para vehículos eléctricos.

¿Quién es Brahim Ghali?

Hacer un perfil sobre él implica buscar en una amplia amalgama de bases de datos policiales y de seguridad de medio mundo. En ellas, Ghali figura desde hace más de 50 años como líder del Frente Popular de Liberación de Saguía y Río de Oro, comúnmente conocido como Frente Polisario. Desde que en 2016 Mohamed Abdelaziz falleciera en Estados Unidos víctima de un cáncer de pulmón, Ghali tomó su legado como Secretario General de la organización durante un congreso celebrado en Dhakla. Además del cargo de máximo líder del Frente Polisario, Ghali heredaba también la representación de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática.

La extraña llegada de Ghali a España supone toda una violación del Derecho Internacional, máxime teniendo en cuenta que viajaba con un pasaporte diplomático en entredicho.

Su estrategia política siempre se ha basado en la internacionalización del conflicto saharaui, manteniendo el apoyo de Argelia y del resto de sus aliados al proceso independentista. Sin embargo, Ghali es preso de su pasado y de las acusaciones de genocidio y violaciones de Derechos Humanos realizadas tanto por soldados marroquíes, presos en las cárceles de Tinduf, como por asociaciones de víctimas de terrorismo españolas.

Acavite, Asociación Canaria de Víctimas de Terrorismo y la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos (ASADEH), reclaman su procesamiento como responsable de los atentados cometidos “contra trabajadores canarios de Fossbucraa” y como “autor material e intelectual y quien ordenaba ametrallamientos, asesinatos, secuestros masivos y desapariciones de tripulaciones en alta mar de los marineros canarios en las décadas de 1973 y hasta finales de 1986”. Por su parte, ASADEH anima a que Ghali no eluda la “acción de la justicia” y responda como responsable de crímenes contra la Humanidad.

Las acusaciones de genocidio se materializaron en 2012, cuando el juez de la Audiencia Nacional De la Mata dictó una orden de busca y captura por “asesinar, secuestrar y ametrallar a canarios con delitos de terrorismo, genocidio y lesa humanidad, y por otras acusaciones más de otros colectivos desde hace décadas”. Según estas acusaciones, unas 300 personas con pasaporte español habrían sido víctimas directas de Ghali.

¿Cómo ha llegado Ghali a España?

Esta es quizá la cuestión más desconocida hasta el momento. Según algunos medios africanos, se sospecha que el líder del Frente Polisario arribó a nuestro país, bajo el nombre de ‘Mohamed Benbatouch’, en un vuelo fletado por el presidente argelino y acompañado de personal médico del mismo país para, también supuestamente, ingresar en la Unidad de Críticos del hospital de Logroño y tratarse una complicación derivada de la infección por Covid-19.

Todo muy extraño. Los 73 años de Ghali no deberían ser obstáculo para que pudiera tratarse con toda la seguridad sanitaria del mundo en Argel, sin necesidad alguna de poner en riesgo su vida en un vuelo medicalizado a un hospital de Logroño.

La confirmación del desplazamiento llegó a través de la Agencia de Prensa del Frente Polisario, sin desvelar el destino. Obligado por las circunstancias, el Ejecutivo español pasó a reconocer que la presencia de Ghali en España se debía a “razones estrictamente humanitarias para recibir asistencia sanitaria”. Para el ejecutivo marroquí, el hecho de dejar pisar suelo español a un criminal de guerra demostrado por parte de España es “un hecho sorprendente” y plantea preguntas legítimas, incluida su admisión en España en secreto y con un pasaporte falsificado.

Estas preguntas incluyen otras muchas incógnitas, como la razón por la que España no informó a Marruecos, por qué se le admitió con una identidad falsa y la, a juicio del reino alahuita, sorprendente lentitud de la justicia española, que aún “no ha respondido a las numerosas denuncias presentadas por las víctimas” de su propio país.

En cualquier caso, las consecuencias jurídicas de la decisión del Ejecutivo español ya han empezado a surtir efectos y pueden llegar a suponer una clara violación del derecho internacional. Para el investigador ruandés André Gakwaya, “el enjuiciamiento de personas acusadas de genocidio y terrorismo es una norma imperativa de derecho internacional, que no admite ninguna excusa”. La extraña llegada de Ghali a España ya supone toda una violación del Derecho Internacional, máxime teniendo en cuenta que viajaba con un pasaporte diplomático en entredicho. Ni siquiera la posible asistencia sanitaria supondría una eximente para la actitud española. Para el investigador ruandés, “las atenciones humanitarias no pueden, en ningún caso, encubrir actitudes que atenten contra el Derecho Internacional y los principios de justicia universal”.

La presencia de Ghali, viejo conocido de la justicia española, no ha pasado desapercibida. El juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, ha citado a declarar como imputado a Ghali por un delito de genocidio y torturas supuestamente cometidos en los campos de refugiados de Tinduf contra población saharaui aun acogida a su nacionalidad española. Antes, los agentes judiciales tendrán que comprobar que la identidad de ‘Mohamed Benbatouch’ se corresponde realmente a la de Brahim Ghali y, en ese caso, proceder a su declaración el próximo 1 de junio.

En ese escenario futuro España tendrá que elegir entre dos opciones para negociar: sentarse a la mesa con el reino marroquí o con un personaje sobre el que recae la sospecha de estar detrás del asesinato de cientos de españoles. El Hospital de Logroño, y la Justicia, decidirán la suerte del Sahara Occidental y probablemente la de dos vecinos condenados a entenderse.

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