Domingo, 20.01.2019 - 06:51 h
Telediaria

El día que Lola Flores supo esquivar el sofá de José Luis Moreno y plasmó un truco clave en la tele

"Lola artista, Lola genio y Lola personaje que queremos entrevistar en el programa Entre Amigos". Con esta verborrea, un joven José Luis Moreno llevaba de la mano a Lola Flores hasta un salón que tradicionalmente siempre tenía situado en una esquina de su decorado de sus longevas 'noches de fiesta'.

Allí esperaba, confortable en un acolchado sillón, Juncal Rivero dispuesta a entrevistar a La Faraona. Pero Lola Flores, curtida en platós, vio que aquellos sofás eran el enemigo: demasiado cómodos y perfectos para hundirse en sus mulliditos cojines tras el enorme macetón con plantas que había en una mesilla central. Lo de pasar desapercibida no iba con Flores, así que ella, sin cortarse, optó por sentarse en el brazo del sillón para sorpresa de la presentadora. "Uy, qué alta", dijo Rivero, que siguió evitando hacer más preguntas sobre por qué se había colocado ahí.

Flores se percató rápido de que ese cómodo sofá del gusto rococó de José Luis Moreno no era nada favorecedor. La folclórica iba a desaparecer en él y encima no estaría a la altura literal de la ya alta presentadora del programa. Porque, en televisión, los asientos elegidos en el decorado no deben primar tanto la comodidad como la buena postura física de los protagonistas... Vamos, mejor que sean incómodos para que el personal esté a buen tiro de cámara y no se quede espatarrado, como si estuviera en su casa a la hora de la siesta.

Es habitual en todo tipo de formatos. La silla mejor que no duerma al invitado. Josep Pedrerol lo lleva al extremo con su El Chiringuito de Jugones. El veterano debate deportivo, en sus inicios con el nombre de Punto Pelota, apostó por unos banquillos de madera para sus tertulianos. No sólo se trata de una metáfora por aquello de que hablan de fútbol, también estar en esos duros bancos de madera propicia que el contertulio esté más despierto, más vibrante, más al quite, más dispuesto a levantarse.

Los asientos de la tele no están para relajar, se diseñan a tono con las necesidades del programa.  Y siempre hay una necesidad que se repite: favorecer a cámara. La otra necesidad, como en el Chiriguito, es evitar que el invitado se acomode en exceso. Más aún si el programa es a altas horas de la noche y entra el sueño.

Lola Flores, en aquel Entre Amigos, lo vio claro: si se lanzaba al ostentoso sofá que enamoraba a Moreno en sus programas, no mostraría su mejor perfil al público. Es un viejo truco de la tele que, por supuesto, Lola se sabía. Nada de lanzarse al vacío de un mullidito sofá. Antes sentada en el brazo, que sencilla.

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