Domingo, 27.05.2018 - 03:25 h
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Cataluña ya tiene a su Nicolás Maduro: se llama Quim Torra

Cuando Quim Torra fue elegido presidente del gobierno catalán, los analistas se echaron las manos a la cabeza con toda la razón del mundo: este hombre es mucho más radical que Carles Puigdemont y va a someter al Estado a una presión sin límites.

Miquel Giménez, uno de los mejores analistas de la realidad catalana, decía en 'Voz Populi' que se avecinan tiempos terribles. “Es el separatista más peligroso de todos los que han pisado el parlament catalán”. Lo decía porque Torra tiene una sólida preparación intelectual, maneja muy bien la ironía, sabe hablar en público y es radical.

Torra y Puigdemont han disfrutado haciendo rabiar a los no independentistas. Hay que reconocer que lo han logrado porque sus declaraciones, preparadas con todo detalle, ocuparon las portadas: va a realizar un proceso constituyente, recuperar las leyes anuladas por el Estado, restituir al jefe de los Mossos, poner una gran cinta amarilla en el govern…

Quim Torra, nuevo presidente de Cataluña
Quim Torra, nuevo presidente de Cataluña / EFE

En su discurso de investidura Torra incluso pidió con un tono muy suave “una república de todos”. Lo dijo en español. No es tonto. Pidió perdón por sus tuits radicales donde se burlaba e insultaba a los españoles porque, como decía un columnista, Torra no es xenófobo, es hispanófobo.

Y ahí es donde está su punto más débil.

Según las encuestas, solo un 28% se sienten solo catalanes. Es lo que le recordó Xavier Domenech, líder de En Comú: “¿Qué piensa usted de los catalanes que se sienten españoles?”. Sean de izquierdas o de derechas, la mayoría de los catalanes según el CIS se sienten “catalanes y españoles” en diferente grado. Son esos votantes los que tendrán ahora que comprobar si Quim Torra es lo mejor para su tierra.

Además vayamos a los datos: el sentimiento independentista ha ido decayendo en los últimos meses, desde su punto más alto en octubre del año pasado, hasta ahora. Un 53% no quiere la independencia.

Si Torra pensaba que las empresas que se han ido van a volver, se equivoca. Caixa Bank y el Sabadell han dicho que con el discurso que dio no piensan volver. “En su lamentable soflama de investidura en el Parlament, impropia de cualquier político occidental moderno que aspire a gobernar a toda su población, Torra no hizo ni un guiño para conseguir que las empresas de sus antiguos compañeros y, sobre todo, las más de 3.800 que han abandonado Cataluña desde el 1-O puedan regresar sin correr el riesgo de colapso financiero”, decía Carlos Segovia en 'El Mundo'.

Me recuerda a Nicolás Maduro. El día en que Maduro se convirtió en el presidente de Venezuela, escribí un rápido análisis diciendo: este hombre es mucho peor que Chávez. Lo fue. Destrozó Venezuela. Destrozó a las empresas. Destrozó la economía. Y ahora su popularidad es ínfima.

La diferencia es que Torra no tiene el poder del Estado, no puede convertirse en dictador, no tiene a una mafia que controle todos los mecanismos, no puede manipular el voto, y al final, los procesos electorales limpios en Cataluña hablarán por sí mismos. Por cierto, en los anteriores comicios, en diciembre pasado, el partido más votado fue uno constitucionalista: Ciudadanos.

Torra debería recordar que los independentistas obtuvieron en las últimas elecciones menos votos que sus enemigos. Los partidos unionistas crecieron más que los independentistas.

Y eso que Cataluña estaba intervenida por el 155, que los dirigentes independentistas estaban en la cárcel, y que todavía coleaban las imágenes de la policía golpeando a los que querían votar ilegalmente.

Los catalanes quieren recuperar el crecimiento (que ha caído), los turistas (que llegan menos), la inversión (que se retira), y la prosperidad.

Pero con su radicalismo, Torra parece que no quiere escucharles. Por eso creo que su política corre el riesgo de provocar lo contrario de lo que pretende. Sobre todo, cuando vaya apareciendo el Torra de verdad: ese que el los tuits se manifestaba como hispanófobo, que insultaba a los españoles y que ahora dice que se arrepiente. Por supuesto, nadie le cree.

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