Por primera vez

BBVA sube el valor de su 'fintech' Simple por primera vez tras recortar pérdidas

  • El banco móvil estadounidense rebajó su cifra de 'números rojos' un  20%, situando las pérdidas en 23 millones de euros
El presidente de BBVA, Carlos Torres, junto al CEO, Onur Genç
El presidente de BBVA, Carlos Torres, junto al CEO, Onur Genç
EFE

Simple fue uno de los grandes 'caprichos' digitales de Francisco González al frente de BBVA y una de las primeras compras que ejecutó la entidad en el sector 'fintech'. No ha tenido ni un solo ejercicio con beneficios y ha acumulado varios ajustes de valoración. En 2019, la compañía ha subido por primera vez ese valor desde que la comprara, pese a que los 'números rojos' han continuado tiñendo la cuenta de resultados. Su otra gran adquisición, Atom Bank, duplicó sus pérdidas justo en el año en el que Carlos Torres decidió no ejercer la opción de compra sobre el 100% de la entidad londinense a riesgo de perder ciertos 'privilegios'.

BBVA empezaba a salir al mercado para tratar de buscar oportunidades de inversión en el sector de las startups financieras. Era el año 2014 y tras dos años de relación, Francisco González y los dos fundadores de Simple, Shamir Karkal y Joshua Reich, firmaron la transacción. El banco español se hacía con la estadounidense por 117 millones de dólares (85 millones de euros al cambio de aquel momento), un precio significativo si se tiene en cuenta que se estima que los ingresos rondarían los 10 millones de dólares el año anterior. Era uno de los pioneros entre los que se vinieron a denominar 'neobancos', que tratan de hacer más accesibles todas las gestiones bancarias a través de una 'app' móvil. Pero, el tiempo ha venido a confirmar que no ha sido especialmente rentable para sus dueños.

En 2019 el guión siguió su curso, aunque con una salvedad: tras años de caídas de valoración, ésta se elevó ligeramente hasta los 56 millones de euros. Es la primera subida desde ese 2014, cuando se fijó en 90. Las pérdidas, según precisa en el informe anual la entidad española, alcanzaron los 23 millones, un 20% menos. Sus ingresos, basados en las comisiones cobradas a sus clientes, son una incógnita. Esta falta de rentabilidad, debida a márgenes muy agresivos para tratar de ganar cuota de mercado, no es sólo exclusiva de esta startup, sino de la inmensa mayoría de nuevos actores del sector.

Entre los ejemplos similares se encuentran neobancos europeos como N26, Monzo o Revolut. Esta última cerró hace unos días una nueva megarronda de financiación de 500 millones de dólares con una valoración de 5.500 millones de dólares, prácticamente el triple que casi dos años antes. Ese 'precio', fijado por los inversores entre los que se encuentran gigantes del capital riesgo como los estadounidenses Index Ventures o TCV, representa prácticamente 21 veces los ingresos previstos para el año 2019.

Mucho movimiento en la compañía

En los últimos años, el equipo directivo de la startup fintech de BBVA ha sufrido numerosos movimientos. Primero fue en 2018 cuando sustituyó al consejero delegado y fundador, Joshua Reich, para colocar a David Hjirida, que llevó a cabo una ronda de despidos importante. A este hay que sumar otro: el aterrizaje de otro exdirectivo de gigantes tecnológicos de Silicon Valley como Microsoft, Tesla o Dropbox como vicepresidente de ingeniería.

Simple fue una de las primeras adquisiciones importantes que BBVA ejecutó en el sector del fintech. Desde que sacara la chequera en aquel año 2014 vino una oleada de compras que se ha frenado en los últimos ejercicios. Se hizo con la firma española especializada en 'big data' Madiva Soluciones; la agencia de diseño estadounidense Spring Studio; el banco digital Holvi, y la plataforma de pagos mexicana OpenPay. El caso más significativo es el de la finlandesa Holvi que ha disparado su valoración hasta los 55 millones de euros desde que fue integrada.

Cómo evolucionan sus inversiones

Todas estas son las adquisiciones que ha hecho el banco. Pero en paralelo ha mantenido una estrategia de inversión en startups del sector, principalmente europeas y estadounidenses, a través de un brazo inversor de capital riesgo. Tras algunos cambios, estos fondos -que suman los 220 millones- se gestionan a través del vehículo Propel Ventures. Una parte está bajo el paraguas de una empresa española y otra a través de una estadounidense. Entre ambos, según el mismo informe remitido a la CNMV, suman una valoración en libros de más de 160 millones de euros (un 20% más que en 2018).

Entre esas inversiones no está la que se hizo a través del propio grupo en Atom Bank, el neobanco con sede en Reino Unido. La compañía mantiene el 39% de las acciones en su poder, pero no ejerció durante el pasado año la opción de compra sobre la totalidad. Y las cifras son significativas: los números rojos de la entidad se duplicaron ese mismo ejercicio. El problema es similar al de Simple y el resto: en plena fase de crecimiento y de conquista de un mercado copado por gigantes, los márgenes son muy agresivos y la rentabilidad aún está muy lejos.

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