Martes, 19.02.2019 - 15:07 h
El verdadero legado del filósofo más influyente

China paga el 200 cumpleaños de Marx en Alemania (para fingir que le importa)

La ciudad natal del autor de 'El Capital' celebra su bicentenario con la instalación de una estatua gigante pagada por China.

El centro de Tréveris se ha engalanado con decenas de estatuas de Marx / Cordylus
El centro de Tréveris se ha engalanado con decenas de estatuas de Marx / Cordylus

Tal día como hoy hace 200 años nacía Karl Max, quizás uno de los pensadores más influyentes de la historia de la humanidad. Su ciudad natal, Tréveris, en el oeste de Alemania, celebra el bicentenario de su figura más ilustre, con discursos, instalaciones artísticas, manifestaciones y la inauguración de una estatua diseñada y financiada por China.

El que es hoy uno de los pocos países que se declaran comunistas –y, desde luego, el único con carácter de gran potencia–, tiene ya poco de marxista, pero el Partido quiere aprovechar el bicentenario del autor de El Capital para revitalizar lo poco que queda de su herencia socialista y apuntalar su creciente influencia global. Las festividades incluyen un tributo oficial en el Gran Salón del Pueblo y una serie documental producida por la emisora estatal de China titulada Marx tiene razón.

Como apuntan Arne Delfs y Peter Martin en Bloomberg, el presidente chino, Xi Jinping, quiere aprovechar el bicentenario de Marx para abordar una importante tarea. Y no es otra que fingir que su país sigue siendo socialista. Reivindicar la figura del filósofo alemán le ayuda a llenar el vacío dejado por décadas de reformas de mercado, modernización y crecimiento de China para convertirse en la segunda economía más grande del mundo.

Xi está tratando de mantener unido a un “país grande e ingobernable” y seguir adelante con las reformas sin que se erosione el amplio respeto del que goza aún hoy el Partido Comunista, asegura a Bloomberg Sidney Rittenberg, un periodista estadounidense que se unió a la revolución de Mao Zedong y trabajó durante años como su traductor.

“Xi depende de restaurar el alma teórica del pueblo chino”, asegura Rittenberg, que tiene 90 años largos. “Construyeron una vida mejor e hicieron dinero, pero perdieron su alma y creo que está tratando de restaurar eso”.

Escenografía del discurso del bicentenario de Karl Marx en China / Efe
Escenografía del discurso del bicentenario de Karl Marx en China / Efe

¿De verdad es China marxista?

“El marxismo, como un amanecer espectacular, ilumina el camino de la humanidad en su exploración de las leyes históricas y en la búsqueda de su propia liberación”, ha asegurado Xi en un discurso de hora y media en el que ha repasado varios pasajes de la vida del filósofo.

Las celebraciones encajan con la apuesta de Xi por expandir la influencia del partido mientras impulsa cambios radicales en el sistema político, militar, económico y educativo de China, pero su “regreso a las raíces” resulta paradójico en un momento en que el gigante asiático se ha convertido en el gran defensor del libre comercio.

China está reinventando el marxismo para justificar su encaje en un país repleto de centros comerciales y donde las clases están lejos de haberse eliminado. Pero, como explica a Efe el historiador de la Universidad Popular de Pekín Xu Haiyun, el Gobierno chino insiste en que las políticas del gigante asiático no contradicen el marxismo, porque las ideas del filósofo “eran flexibles, no dogmáticas”.

Cierto es que lo que conocemos como “marxismo” ha ido evolucionando al antojo de otros pensadores como Mao, pero ¿deberíamos siguiera considerarlo como tal? No en opinión de la profesora Yang Liu-Gerhards, que llegó a Tréveris como estudiante en 1998 y ahora enseña economía en una escuela de formación profesional. En su opinión, Mao solo eligió las ideas de Marx que encajaban en sus propios fines políticos cuando estableció la China comunista.

Monumento a Marx en Chemnitz, en la antigua RDA / Pixabay
Monumento a Marx en Chemnitz, en la antigua RDA / Pixabay

El verdadero legado de Marx

En algo tiene razón Xi, y es que el legado de Marx “es todavía respetado en todo el mundo” o, al menos, sigue despertando un enorme interés. Desde el comienzo del milenio, han aparecido innumerables libros y trabajos académicos que respaldan ampliamente la lectura de Marx del capitalismo y su perdurable relevancia en el momento actual.

Pero quizás China es el mejor ejemplo de cómo sus ideas se han tergiversado. Como apunta el filósofo Jason Barker en The New York Times, “la opinión liberal educada es hoy más o menos unánime en su acuerdo de que la tesis básica de Marx –que el capitalismo es impulsado por una lucha de clases profundamente divisiva en la que la minoría de la clase dominante se apropia del excedente de la mayoría trabajadora como ganancia- es correcta”. Pero es en este punto donde la unanimidad sobre el legado de Marx termina.

Si bien la mayoría está de acuerdo con el diagnóstico del capitalismo que elaboró el filósofo alemán, la opinión sobre cómo tratar su “desorden” está completamente dividida, casi desde la misma fundación del socialismo como alternativa política. Y aquí radica, en opinión de Barker, la originalidad y profunda importancia de Marx como filósofo.

“La idea de una sociedad sin clases y sin Estado definiría tanto la idea del comunismo de Marx como la de Engels, y por supuesto la subsiguiente y turbulenta historia de los “estados” comunistas (¡qué ironía!) que se materializaron durante el siglo XX”, explica Barker. “Todavía hay mucho que aprender de sus desastres, pero su relevancia filosófica sigue siendo dudosa, por decir lo menos”.

Marx no aportó ninguna fórmula mágica para salir de las enormes contradicciones sociales y económicas que conlleva el capitalismo global, pero, como apunta Barker, sí logró, a través de su autodenominado pensamiento materialista, brindar las armas fundamentales para socavar la pretensión ideológica del capitalismo de ser el único gallo del corral.

El verdadero legado de Marx no tiene nada que ver con China –un país cuyo comportamiento el filósofo jamás aprobaría–, sino con su llamada a construir una nueva sociedad donde sean las relaciones entre las personas, y no las relaciones de capital, las que determinen el valor de un individuo. Y este objetivo sigue siendo importante para muchas personas.

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