Martes, 19.03.2019 - 10:09 h
No se debe devaluar la disculpa

Pedimos demasiadas veces perdón en el trabajo (y no siempre es necesario)

La educación es imprescindible en la vida, y ser agradecido y respetuoso te puede abrir muchas puertas. Pero un exceso podría acarrear lo contrario

Si has hecho lo correcto no tienes porque disculparte. / Pexels
Si has hecho lo correcto no tienes por qué disculparte. / Pexels

La sociedad está llena de lugares de encuentro entre seres humanos. Para convivir a la perfección es necesaria un mínimo de educación. Pero seamos sinceros: ni son todos los que hay ni hay todos los que son.

La educación es una herramienta necesaria para el buen funcionamiento de la sociedad. Si te reconoces como miembro de esa raza de humanos que reconoce el valor de una buena disculpa, debes saber que tienes un valor añadido y que te sitúas por encima de una gran mayoría de maleducados. Pero debes ajustarte y no devaluar la disculpa. El uso desmesurado de una expresión como ‘lo siento’ puede dejarla vacía y, lo que es peor, convertirla en algo inocuo y contraproducente.

Donna Moriarty, escritora y editora que trabaja con organizaciones no lucrativas de educación superior, lo sabe, y en un artículo para 'Career Contessa' da unos consejos para frenar ese compulsivo exceso de educación. “El exceso de disculpas puede desensibilizar a tus oyentes cuando quieres ofrecer una disculpa sincera y necesaria. Cuanto más dices que lo sientes, menos poder tiene”, asegura; y hace una sincera analogía con el cuento de Pedro y el Lobo.

Un verdadero problema

La persona que se disculpa constantemente puede esconder algún desequilibrio que hay que reforzar. Los psicólogos dicen que las personas que se disculpan compulsivamente por infracciones pequeñas y nimias, pueden manifestar desde un tic nervioso hasta un trastorno social.

“Los ‘disculpones’ frecuentes pueden ser inseguros, introvertidos o simplemente demasiado conscientes de sí mismos. Es posible que hayan sido criados en familias estrictas o que hayan valorado demasiado el hecho de llevarse bien con todos. A veces el hábito es una reacción inconsciente al estrés o la ansiedad”, asegura Moriarty.

El caso es que esta costumbre, o más bien hábito, puede venir por diferentes factores. como el estrés o la ansiedad del primer día, la falta de confianza de cara a un gran reto laboral… En la mayoría de los casos, este hábito es inconsciente.

A veces nos disculpamos por desviar, de antemano, una reacción negativa a lo que decimos. Es por esa base de inseguridad que impregna nuestra psique. Intentamos suavizar el impacto que puedan producir nuestras ideas y acciones.

Si pides perdón demasiado no te tomarán en serio. / Pexels
Si pides perdón demasiado no te tomarán en serio. / Pexels

Los aspectos más positivos

“El hábito de pedir una disculpa puede comenzar inocentemente cuando nos disculpamos de forma espontánea por una ofensa real. Nuestro oponente se suaviza o incluso retrocede. Una bala mágica, concluimos. Pero luego, a medida que la disculpa rápida e insincera se convierte en nuestro arma de elección, nos volvemos casi adictos a ella”, dice Moriarty.

Ser una persona con un ‘defecto’ así, aporta rasgos positivos que tampoco debemos olvidar. Como por ejemplo, la empatía. Esta capacidad de considerar el punto de vista de otra persona y comprender los sentimientos que pueda tener, se está convirtiendo en un valor al alza dentro del entorno laboral . “Alguien que sabe cuándo y cómo pedir disculpas apropiadamente tiene una gran ventaja”, asegura Moriarty .

Hay que romper el hábito

Pero el exceso de disculpas puede socavar tu autoridad y tu confianza, presentarte como una persona débil e indecisa, e incluso dañar tu credibilidad. Y lo peor de todo, el exceso de disculpas puede desensibilizar a tus interlocutores cuando quieres ofrecer una disculpa sincera y necesaria.

Para romper el hábito Moriarty recomienda que en todas tus comunicaciones “seas breve, específico, directo y sin disculpas. Simplemente indica el problema y cómo lo arreglarás. Y luego, cállate”. Es importante desprender de las expresiones de disculpa ese connato de ‘coletilla infinita’ que no hará más que socavar la integridad del mensaje que quieres enviar..

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