Jueves, 20.06.2019 - 05:41 h
Entrevista con José María Batalla

Por qué deberías dirigir tu empresa como un síndrome de Down (y contratarles)

El estudio de diseño la Casa de Carlota compite de igual a igual con el resto de compañías, pero gran parte de su plantilla tiene síndrome de Down

José María Batalla, a la derecha, con una de sus creativas / La Casa de Carlota
José María Batalla, a la derecha, con una de sus creativas / La Casa de Carlota

La Casa de Carlota es un estudio de diseño como otro cualquiera. Ha trabajado y trabaja desarrollando creatividades para marcas como Nestlé, DKV, el Ayuntamiento de Barcelona o los supermercados Veritas, y compite en igualdad de condiciones con otros estudios. Pero tiene algo que lo hace muy especial: gran parte su plantilla está formada por personas con síndrome de Down, trastorno del espectro autista y otras enfermedades mentales.

Su fundador, José María Batalla, es un veterano del mundo de la publicidad –llegó a ser director creativo del grupo Havas–, y un día pensó que estaría bien ver qué pasaba si se incorporaba a las personas con síndrome de Down a un equipo creativo.

“Los creativos siempre hemos sido unos inquietos, y hemos buscado talento en los sitios más raros del planeta, cuanto más excéntricos y más diferentes mejores son los creativos, porque encuentras ideas más potentes, más buenas”, explica a La Información. “Nos planteamos a modo de experimento que pasaría si introducíamos en un departamento creativo maneras de ver tan radicalmente distintas a las mías como podían ser personas con síndrome de Down. Hicimos este experimento y la verdad es que tuvimos suerte y funcionó”.

Hoy la Casa de Carlota es un estudio hecho y derecho e, incluso, cuenta con una sucursal en Medellín (Colombia). Su historia ha despertado el interés de medios como The Guardian –que grabó incluso un reportaje sobre el estudio– y Batalla ha plasmado su historia en un libro, con sugerente título: Dirige tu empresa como un síndrome de Down (Comanegra).

Un punto de vista diferente

En el volumen el empresario cuenta qué lecciones de gestión empresarial y creatividad ha aprendido de sus compañeros de trabajo, unos compañeros que, asegura, tienen mucho que aportar. “Vimos que las personas con síndrome de Down tienen una peculiaridad y es su manera de ver las cosas”, apunta. “Esa ingenuidad, esa forma de ver el mundo y explicarlo y dibujarlo incluso nos aportaba una serie de curiosidades creativas que al departamento le iban muy bien”.

Muchas campañas se caracterizan por dibujos que podríamos calificar de naíf, pero que son realmente eficaces. “Tienen ilustraciones que yo soy incapaz de hacer y ellos las hacen de la forma más normal del mundo”. El estudio ha incorporado también a personas con trastorno del espectro autista, que aportan más diversidad al equipo creativo. “Tenemos una persona con autismo que tiene la capacidad de hacer tipografías a mano con un estilo muy personal que solo él sabe hacer y que una persona con formación y estudios de diseño le costaría muchísimo. Tienen esa tipografía tan especial que solo tienen ellos, por lo cual le estás dando al cliente algo que nadie más puede tener, y es imposible de copiar porque no existe en los ordenadores”.

Pero estas personas, explica Batalla, no solo aportan diversidad al equipo creativo, también crean un ambiente distinto: “Nos aportan unos valores emocionales que ellos tienen y que nosotros a veces hemos olvidado, cosas como el sentido común o la humildad. Los creativos nos venimos en seguida arriba, nos emocionamos por nuestro trabajo, pero los Down vienen a trabajar, para ellos lo importante es que están en un equipo y están normalizados, para ellos eso es lo importante, no lo que hacen”.

“Si tuviéramos todos la oportunidad de tener sentado al lado a una persona con síndrome de Down seguramente nuestra vida cambiaría, porque veríamos las cosas como las ven ellos”, prosigue el empresario. “No es que sean las personas más perfectas del mundo, ni mucho menos, hacen cosas mal y cosas bien como todos, pero nosotros quizás por formación, por educación o por costumbre trabajamos de una manera, ellos trabajan de otra. Se divierten cuando trabajan, son mucho más felices a la hora de emprender proyectos, nosotros estamos demasiado preocupados por figurar, por hacer las cosas impecables, ellos no tanto”.

Parte del equipo creativo de la Casa de Carlota.
Parte del equipo creativo de la Casa de Carlota.

Por una integración laboral real (y útil)

Lo verdaderamente notable del proyecto de la Casa de Carlota es que es uno de los pocos ejemplos que tenemos de integración laboral exitosa. No es un centro especial de trabajo, ni una ONG, ni una Fundación para ayudar a las personas con síndrome de Down, sino un estudio de diseño profesional, que compite de igual a igual con el resto de las compañías, con una plantilla en la que buena parte de sus miembros tienen alguna capacidad especial, pero se les paga lo mismo que al resto de empleados.

“La clave es entender qué es lo que necesita tu empresa y buscar la persona más capacitada para ocupar ese cargo e intentar averiguar si una persona con síndrome de Down, con autismo, con una peculiaridad especial te va a servir para mejorar en tu empresa”, explica Batalla. “Si simplemente la quieres para tener en la recepción y pensar lo buena persona que eres cómprate un ficus, que también son chulos, no utilices a personas como elementos de greenwashing”.

Lo cierto es que desde el mundo académico se lleva décadas insistiendo en el valor que la diversidad aporta a las empresas, pero es un atributo que en la mayoría de las compañías brilla por su ausencia: en general los que mandan son hombres blancos de buena familia. Un grave error si lo que se quiere es crecer y ganar más dinero.

“Nosotros somos unos talibanes de la diversidad porque entendemos que la creatividad nace del intercambio de cerebros diferentes, cuanto más diferentes mejor”, explica Batalla. “Cerebros de sexos diferentes, culturas diferentes, edades diferentes... Eso es lo que da una riqueza cultural. Tenemos que aprender que la diversidad es esto. No por ser un empresario con catorce títulos, másteres del universo y ocho idiomas no podemos tener en la plantilla un tío con piercings, tatuajes y pantalones agujereados, porque a lo mejor este tío puede tener una visión de la vida que me puede ayudar a que mi negocio vaya mejor. No puedo ni menospreciarlo ni obviarlo, porque a lo mejor tiene un talento que me interesa”.

“Siempre pongo como ejemplo a las mujeres”, concluye el empresario. “Ahora está muy en boga el tema de la igualdad en el trabajo, pero hace 50 años en un estudio de diseño era muy raro encontrar a una mujer y hace 100 años igual hasta lo prohibían las leyes. Esto ahora nos parece una aberración, algo muy raro, ahora nadie pone en cuestión que una mujer con talento trabaje en un estudio. Tarde o temprano habrá diseñadores trabajando en estudios con discapacidad intelectual, sin ningún problema. Nos tenemos que empezar a adaptar”

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