Jueves, 13.12.2018 - 08:42 h
No es cuánto se gana, es cuánto se gana en comparación al resto

Por qué los ricos nunca tienen suficiente: una explicación psicológica

Existe hoy una élite de millonarios que poseen más dinero del que podrían gastar razonablemente, incluso en los bienes más exuberantes

Hay un nivel de riqueza difícil de imaginar. / Pexels
Hay un nivel de riqueza difícil de imaginar. / Pexels

La desigualdad es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, pero cuando hablamos de ella solemos pensar en términos del 99 % pobre y el 1 % rico. Pero dentro de este 1 % hay también enormes diferencias.

En su informe sobre la desigualdad, la ONG Oxfam advirtió el pasado enero que solo ocho hombres tenían ya la misma riqueza que la mitad más pobre del planeta y especuló con la posibilidad de que el primer billonario de la historia surgiera en solo 25 años.

Fue un informe muy criticado por algunos economistas, pero es innegable que la desigualdad está creciendo. Los CEO de las mayores compañías estadounidenses ganan, de media, 15 millones de dólares al año, cerca de 300 veces más que el trabajador medio del país, una cifra que se ha multiplicado casi por 15 desde 1975, cuando su salario medio no superaba los 1,2 millones. Y lo mismo ha ocurrido en términos patrimoniales.

Los ricos son cada vez más ricos. Y cada vez quieren más. Pero ¿por qué? Existe hoy una élite de millonarios que poseen más dinero del que podrían gastar razonablemente, incluso en los bienes más exuberantes. ¿Qué significa para Jeff Bezos, el hombre más rico de la historia, ganar un millón de dólares más? ¿Qué le mueve a seguir engordando una fortuna que alcanza ya los 98.000 millones de dólares?

Michael Norton, un profesor de la Escuela de Negocios de Harvard que ha estudiado las conexiones entre la felicidad y la riqueza, tiene una respuesta a esta pregunta, que comparte en un artículo en 'The Atlantic'.

No es cuánto ganas, es cuánto ganas más

Norton asegura que la investigación apunta de forma sistemática a dos preguntas centrales que las personas se preguntan a sí mismas al determinar si están satisfechas con algo en su vida:

1. ¿Me está yendo mejor que antes?

2. ¿Lo estoy haciendo mejor que otras personas?

Esto se aplica a la riqueza, pero también al atractivo físico, la altura, la frondosidad de cabello y el tipo de cosas que preocupan a todas las personas. El problema, explica Norton, es que muchas de las cosas que realmente importan en la vida son difíciles de medir: ¿cómo sabes si eres mejor padre, mejor amante o mejor persona que el vecino? Solo hay algo que se puede medir con facilidad y que todo el mundo valora de una u otra forma: el dinero.

Cualquier ganancia es bien recibido por los más adinerados. / Pexels
Cualquier ganancia es bien recibido por los más adinerados. / Pexels

“Si necesito saber si me está yendo mejor de lo que estaba, lo más fácil de preguntar es: ¿Estoy ganando más dinero? ¿Mi casa tiene más pies cuadrados? ¿Tengo más casas de las que solía tener?”, apunta el psicólogo. Este instinto para medirse y compararse con los demás no desaparece, aunque tengas una cantidad inmensa de dinero: los ricos viven en barrios de ricos (o, más bien, urbanizaciones), donde se compite por tener el mayor yate y la mejor cancha de tenis.

Nunca es suficiente

A principios de año el equipo de Norton publicó un estudio en el que preguntó a 2000 personas con una fortuna de al menos un millón de dólares cuán felices eran en una escala del uno al 10, y cuánto dinero necesitarían para llegar al diez. Básicamente todo el mundo dijo que necesitaba como poco dos o tres veces más para ser perfectamente feliz.

No es ningún secreto, además, que el dinero llama al dinero. Jeffrey Winters, profesor de ciencias políticas en la Northwestern University y autor del libro Oligarchy, explica que, además de la comparación social, las personas realmente ricas a menudo están motivadas para adquirir más dinero por la emoción que conlleva multiplicar la fortuna de uno haciendo inversiones, comprando empresas, y así sucesivamente. Este ocurre, incluso, entre los ricos que se dedican casi en exclusiva a labores filantrópicas: aunque sea por una buena causa, quieren que esta siga engordando su patrimonio (o el de su fundación).

Las personas más adineradas no se preguntan si tienen suficiente dinero para comprar las cosas caras que quieren –en este nivel de riqueza no hay nada material que no se pueda comprar– , sino más bien si tienen más dinero que las personas con las que se comparan, los otros súper ricos, que pertenecen, además, a su misma comunidad. Esa es su principal motivación.

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