Sábado, 16.12.2017 - 07:41 h
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¿191 mensajes nuevos? Por qué WhatsApp nunca debería haber llegado al trabajo

Nuestro cerebro no está diseñado para realizar múltiples tareas al mismo tiempo y los programas de mensajería minan nuestro rendimiento

El WhatsApp es muy útil, pero puede ser tu peor enemigo en el trabajo / Álvaro Ibañez
El WhatsApp es muy útil, pero puede ser tu peor enemigo en el trabajo / Álvaro Ibañez


Hoy es impensable la comunicación sin los servicios de mensajería instantánea. Es la forma más rápida, cómoda y barata de hablar con nuestra familia y amigos. El problema es que plataformas como WhatsApp se están popularizando también para tratar temas de trabajo. Y el caos está servido.

En solo unos minutos se pueden entrecruzar en tu teléfono un mensaje de tu novia preguntando si tu jefe sigue siendo tan capullo como ayer, tu propio jefe preguntando dónde te has metido y un gif de Sadam Hussein haciendo el pino que alguien ha colgado en el grupo de tu pueblo después de que veinte personas hayan dado los buenos días.

Este tipo de situaciones no solo dan pie a malentendidos de todo tipo –las posibilidades de que algo salga mal teniendo a tu jefe en la línea de salida del WhatsApp tienden a infinito–; además hace que perdamos el tiempo de forma miserable. Un problema que está llegando a cotas inusitadas a medida que añadimos más y más aplicaciones en nuestro teléfono (Telegram, Hangouts, Slack…) y a la gente le da por mandar mensajes de voz. El infierno.

Pero el problema no es tanto lo que dejamos de hacer, sino lo que hacemos de más. A diferencia de los ordenadores, nuestro cerebro no está diseñado para realizar múltiples tareas al mismo tiempo. Ni hombres ni mujeres pueden hacer varias cosas a la vez –por mucho que la cultura popular afirme lo contrario–. En realidad, cuando estamos pendientes de muchas tareas, lo que hacemos es cambiar repetidamente la atención de una a otra. Y esto tiene un coste.

Como explica Earl Miller, profesor de neurociencia en el MIT, en un artículo  publicado en Fortune, “cuando alternamos entre las tareas, el proceso a menudo parece perfecto, pero en realidad requiere una serie de pequeños cambios. Digamos que dejas de escribir una propuesta de venta para un cliente para verificar un correo electrónico entrante: cuando finalmente regresas al terreno de juego, tu cerebro tiene que gastar una energía mental valiosa reorientando la tarea, retrocediendo y corrigiendo errores. Esto no solo te hace perder tiempo, sino que también disminuye tu capacidad de ser creativo”.

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No lo hagas por tu trabajo, hazlo por ti

Dependiendo de lo habilidosa que sea una persona (y de lo bien que sepa realizar sus tareas) la multitarea se puede sobrellevar sin una pérdida notable de la productividad. Según apunta Gloria Mark, investigadora de la Universidad de California en Irvine, en uno de los múltiples estudios que ha elaborado sobre este asunto, cuando realizamos tareas de forma interrumpida no existe una merma en su calidad, pero compensamos las distracciones trabajando más tiempo y, sobre todo, más rápido. Esto hace que tengamos más posibilidades de padecer estrés y experimentar situaciones frustrantes.

Aunque es difícil deshacerse del WhatsApp hay maneras de minimizar su impacto en el trabajo. Son estas:

1. Trata de no usar la mensajería instantánea para temas laborales

Parece el consejo más sencillo de todos, pero a más de uno le cuesta. Sí, puede ser más cómodo escribir a tu jefe un mensaje, pero una vez que se acostumbre a tratar contigo vía WhatsApp ya no habrá marcha atrás. Aunque hoy en día los correos electrónicos también llegan de forma automática al móvil, no se supone que debes contestarlos tan rápido y puedes hacer como si no los hubieras visto. Esto no sirve en el WhatsApp.

No hablamos solo de chatear sobre asuntos de trabajo fuera del horario laboral, sino también mientras estás en la oficina, pues te van a distraer de todas formas y van a romper tu ritmo. Cierto es que existen servicios de mensajería instantánea orientados a entornos laborales, como es el caso de Slack, con el que trabajan cada vez más empresas. Es una buena alternativa, necesaria incluso para coordinar equipos que no trabajan en un mismo espacio físico, pero también tiene sus riesgos. Lo que nos lleva al siguiente punto…

2. Apaga las aplicaciones cuando no las necesites

Si usas Slack u otra aplicación parecida para comunicarte con tus compañeros no necesitas tenerla abierta cuando no estés trabajando o estés concentrado en una tarea concreta. Tampoco necesitas tener abiertas las aplicaciones con las que hablas con tus amigos cuando estás en el trabajo.

Cierto es que este tipo de servicios son bastante invasivos, pero basta con eliminar las notificaciones mientras estemos en el trabajo para olvidarnos por completo de ellos. Es un ejercicio que merece la pena realizar.

3. Elimina los programas que no sean estrictamente necesarios

Bastante tienes con los veinte grupos de WhatsApp como para encima atender a tus colegas que usan Telegram, los que te escriben a través del chat de Gmail y, apaga y vámonos, el Messenger de Facebook. Esto no quiere decir que debas priorizar el WhatApp –técnicamente hay mil razones para preferir Telegram, por ejemplo– pero por mucho que te guste la tecnología no tiene sentido usar una decena de aplicaciones para hacer exactamente lo mismo: discutir, mandar emoticonos y gifs de rusos borrachos.

4. Levántate y anda

Estamos tan enganchados al móvil (y somos por naturaleza tan vagos) que muchas veces mandamos mensajes a personas que tenemos a diez metros de distancia solo por no levantarnos. Bastante pernicioso es usar el WhatsApp en el trabajo para encima hacerlo para hablar con gente que tenemos en la oficina. Tu salud te agradecerá un poco de movimiento.

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