Viernes, 06.12.2019 - 01:36 h
Debemos aumentar la producción un 70% en 2050

Granjas hidropónicas o cómo lograr alimentar a 7.500 millones de personas

El consumo de recursos para la alimentación de los humanos no es sostenible y el futuro pasa por el cultivo con recursos hídricos reutilizables.

Un robot de Iron Ox trasplanta una lechuga
Granjas hidropónicas, o cómo lograr alimentar a 7.000 millones de personas. Un robot de Iron Ox trasplanta una lechuga. / Iron Ox

Según la ONU, se prevé que en 2023 la población mundial alcance los 8.000 millones de personas y, de cara a 2100, se espera que ésta se estabilice entre los 10.000 y 12.000 millones de habitantes. Pero mientras los expertos aún debaten cuál es el techo de la humanidad en términos de población, hay una realidad a la que no podemos escapar: los recursos de la Tierra son finitos y, conforme aumenta la población global, más difícil se hace acceder a muchos de ellos, incluida la comida.

En la actualidad se calcula que al menos 820 millones de personas pasan hambre en el mundo. Por ello, cabe preguntarse: ¿cómo podemos alimentar a 7.500 millones de bocas y cómo podremos hacerlo con los miles de millones que vengan en el futuro? Entre las muchas respuestas que se ofrecen como solución destaca la hidroponía, una técnica revolucionaria de cultivo que permite sembrar sin tierra -que es sustituida por los sustratos necesarios para la germinación-, utilizando agua enriquecida con diversas soluciones minerales nutritivas y con sistemas de iluminación directa. 

Además, gracias a la inteligencia artificial, se antoja más fácil la automatización de la cosecha y la recolecta. Incluso más optimizada. Como contábamos hace unos meses, la empresa californiana Iron Ox se ha convertido en una de las primeras en combinar inteligencia artificial y agricultura: sus robots 'granjeros' se encargan de sembrar, regar, trasplantar y recolectar las lechugas, sin que ello interfiera en el proceso de cultivo.

Al ser brazos articulados capaces de moverse de manera autónoma a través de un sistema de raíles ubicado en el suelo, son más ágiles y rápidos que cualquier humano, y permiten controlar vastos cultivos al milímetro. Son el elemento nuclear de una granja hidropónica pionera, que produce aproximadamente 26.000 lechugas al años en una instalación de más de 2.400 metros cuadrados.

"Hemos diseñado un sistema de cultivo en torno al sol: utilizamos menos energía que otras formas modernas de agricultura. Nuestro sistema de granjas hidropónicas requiere un 90% menos de agua que la agricultura tradicional, mientras que permite aumentar 30 veces el cultivo por cada acre de tierra", explica la compañía en su página web. Un modelo que ha captado la atención de los inversores: tal y como apuntaba 'The Guardian', el año pasado las inversiones en el sector de la agricultura tecnológica se dispararon un 29%, llegando hasta los 10.000 millones de dólares.

Pesticidas y macrobiota alterada genéticamente

A estas alturas, parece evidente que el futuro de la alimentación pasa por los vegetales y no por los animales: los costes de nutrir a un animal -vacuno, porcino, etc.- sobrepasan, por mucho, los de cultivar vegetables, especialmente en términos de agua en el caso de los rumiantes. Si a esto le sumamos los peligros que entraña el uso de pesticidas para el ser humano, también parece lógico pensar que la solución pasa por alternativas sostenibles y, además, no nocivas.

Por eso, existen varias iniciativas en este sentido. Por ejemplo, la de Indigo, una startup estadounidense que lleva un par de años tratando de crear un microbioma -un ecosistema de bacterias, hongos y virus dentro de la propia planta, similar al que habita en los humanos y nos permite regular, por ejemplo, la actividad intestinal gracias la flora microbiana- que permita prescindir de cualquier elemento exógeno a la hora de controlar los cultivos. Es decir, conseguir que sea la propia planta la que combata a sus depredadores a través de microorganismos inocuos para sí misma.

En España, por ejemplo, el uso de pesticidas está bastante regulado, pero aún así existen poblaciones enteras de animales que están amenazadas por sus efectos tóxicos. En 2017, Greenpeace y la Agrupación de Defensa Sanitaria Apícola de la Comunidad Valenciana denunciaban que la fumigación en la región había acabado con colonias enteras de abejas, imprescindibles para el ciclo reproductivo en el reino vegetal.

Sin embargo, resulta complicado abandonar un sistema tan implantado en la agricultura y que actualmente sirve para abastecer a la gran mayoría de la población mundial: a pesar de los avances en nuevas técnicas como las granjas hidropónicas, gran parte de los cultivos del planeta se encuentran en países en vías de desarrollo, lo que implica que los recursos utilizados para la producción suelen ser más baratos y perjudiciales para la salud y el medio ambiente.

Es más, la FAO -Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura- señala que de aquí a 2050 la producción agrícola mundial deberá crecer un 70% para poder alimentar a una población estimada de 9.000 millones de personas. En este escenario, se antoja vital de cara a los próximos años encontrar soluciones ecológicas como la propuesta por Indigo para crear una agricultura sostenible y no nociva.

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