Domingo, 22.07.2018 - 12:35 h
El problema de las 'camareras de piso'

Sánchez, ante su primer conflicto social: 'las kellys' le exigen una solución política

El colectivo desconfía de la negociación abierta en el Congreso y exige la modificación de artículo 42.1 del Estatuto de los Trabajadores

El colectivo de camareras de piso 'Las Kellys', ante el Congreso en mayo pasado.
El colectivo de camareras de piso 'Las Kellys', ante el Congreso en mayo pasado. / EFE

Pedro Sánchez encara su primer conflicto social como presidente del Gobierno. Apenas han transcurrido unas horas de la primera alegría derivada del diálogo social en esta nueva etapa - el acuerdo entre sindicatos y empresarios para fijar la subida salarial de referencia para el periodo 2018-2020 - y ya ha vuelto a situarse en el foco un asunto que por su valor simbólico y su dimensión social amenaza con convertirse en un problema de relevancia para el nuevo Ejecutivo socialista: la situación laboral de las camareras de piso.

Las 'kellys' siguen en pie de guerra. Las representantes de las camareras de piso han acudido este miércoles al nombramiento de la secretaria de Estado de Turismo, Bel Oliver, invitadas por la ministra del ramo, Reyes Maroto, que se interesó por su problemática durante su periodo como diputada regional en la Asamblea de Madrid, para recordar a la ahora ministra de Industria - y responsable de las competencias en materia de turismo - que el colectivo continúa con su principal reivindicación: la modificación del artículo 42.1 del Estatuto de los Trabajadores, la ya conocida como 'Ley Kelly'. El cambio de color del Gobierno no solo no las ha echado atrás, sino que las ha impulsado a continuar con la lucha por sus derechos. 

El colectivo lleva varios años denunciando la precariedad de su situación laboral, caracterizada por la sobrecarga de trabajo, la externalización del servicio por parte de las empresas hoteleras y la falta de reconocimiento de enfermedades que les impiden llegar a la jubilación en buenas condiciones físicas. A esto se unen otras situaciones como cambios en su encuadre profesional, rebajando su puesto al de limpiadoras de hotel con el único objetivo de reducir sus retribuciones, o la contratación sistemática a través de empresas de trabajo temporal cuando no subcontrataciones que en muchas ocasiones, dicen, implican fraudes a la Seguridad Social.

La reunión con el expresidente Mariano Rajoy sirvió para desbloquear el reconocimiento de algunas dolencias habituales en el colectivo como el túnel carpiano o el codo de tenista como enfermedades profesionales en el registro oficial - no sucedió lo mismo con las hernias discales que también sufren de forma bastante generalizada -, pero no implicó grandes avances en su principal reivindicación laboral: el cambio en la actual regulación de la subcontratación laboral para garantizar a los trabajadores subcontratados los mismos derechos que a los que están en nómina de la empresa contratante.

La negociación política en el Congreso, paralizada

'Las kellys' desconfían del cariz que está tomando la negociación parlamentaria. Un diálogo que partió de una proposición de ley del Grupo Socialista para modificar el artículo 42.1 del Estatuto de los Trabajadores en orden a garantizar a los trabajadores subcontratados las mismas condiciones que al resto pero que ha basculado hacia soluciones alternativas, supuestamente menos agresivas para el conjunto del tejido productivo. Parte del sector empresarial se había quejado de que la equiparación de la subcontratación a los trabajadores en convenio supondría de facto la supresión de la subcontratación.

Con el transcurso de las semanas, el diálogo se orientó hacia la posibilidad de abordar el asunto a través del artículo 84 del Estatuto, el que regula la concurrencia de convenios colectivos y la prevalencia de unos sobre otros. Cuando las negociaciones sobre el asunto se bloquearon - hace ya varias semanas - se negociaba a partir de una enmienda del diputado del Grupo Mixto, Carles Campuzano, que planteaba vincular el salario base de los trabajadores subcontratados al convenio sectorial, para evitar la práctica habitual - y tumbada decenas de veces en los tribunales - de configurar un convenio de empresa con el único objetivo de rebajar las condiciones salariales de trabajadores puestos a disposición de otras empresas. 

Entienden los diputados que de este modo se preserva la figura de la subcontratación y se garantiza a los empleados subcontratados un trato similar a los que las empresas tienen en nómina. Similar, porque los complementos salariales seguirían vinculados al convenio de empresa. "Y ésa es la trampa", denuncia Ángela Muñoz, portavoz de 'las kellys' de Madrid. "Percibiríamos el mismo sueldo base, pero luego continuarían las diferencias en los complementos".

Por otro lado, "la carga de trabajo depende mucho de si te contrata un hotel o estás externalizada", afimaba Myriam Barros, portavoz de 'Las Kellys Lanzarote', hace solo unos meses. Del mismo modo, Barros apuntaba que el sueldo percibido por una camarera de pisos puede variar "hasta en 500 euros mensuales" en función del empleador.

Muñoz pone como ejemplo el caso de Bilbao, en el que 'las kellys' han conseguido acogerse al convenio sectorial y no al de empresa como quiere el gobierno. "Si allí se ha conseguido, todos podemos hacerlo", ha añadido la representante de la agrupación en Madrid. 

Reyes Maroto, ministra de Industria, Comercio y Turismo, es la gran apuesta de las 'kellys', según confirma Ángela Muñoz. La ministra de turismo ya se reunió con ellas cuando era diputada de la Asamblea de Madrid y, al llegar al cargo, "prometió darnos prioridad dentro de su mandato". La ministra les ha planteado una reunión en la que escuchar sus peticiones, pero aún no han fijado la fecha. 

Desde la agrupación continúan denunciando las prácticas de algunos hoteles o empresas para despedir a las camareras de piso. Muñoz destaca la última de las novedades: "cuando una camarera lleva un tiempo en la empresa, se le hace un nuevo contrato para cambiarla de hotel", de esta forma, renuncia al contrato anterior y pierde sus derechos frente al despido. Una vez que se da de baja, algo común en el sector debido a la fuerte carga de trabajo físico que soportan, "las despiden con una indemnización mínima". 

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