Domingo, 24.03.2019 - 15:24 h
El desafecto de la élite empresarial

Ni Sánchez ni Casado: los empresarios se hartan y 'rompen' con la clase política

La agresividad del eje Sánchez-Iglesias y el discurso del popular sobre Cataluña convencen a los empresarios para asumir un mayor protagonismo.

Pedro Sánchez y Francisco J. Riberas / Presidencia del Gobierno
Ni Sánchez ni Casado: los empresarios se hartan y 'rompen' con la clase política.

"Contra lo que alguna gente dice no nos dedicamos a la especulación ni incumplimos nuestras obligaciones fiscales. Generamos riqueza allá donde estamos, creamos puestos de trabajo, somos los mayores financiadores del estado del bienestar y somos queridos por en los pueblos y ciudades donde nos conocen, pero aún así persiste una percepción social negativa de los empresarios y algo tenemos que hacer". El XXI Congreso Nacional de la Empresa Familiar ha dejado en el ambiente un aroma de catarsis, de cambio de etapa y también la sensación de que en los próximos meses los empresarios van a asumir un papel mucho más protagonista en el debate público

La confirma el presidente de la multinacional de componentes del automóvil Gestamp y también del Instituto de la Empresa Familiar - el club de empresarios que aglutina en su seno a lo más granado del empresariado doméstico -, Francisco J. Riberas. "Tenemos que rehabilitar la imagen social del empresario y tenemos que hacerlo nosotros, porque si existe esa percepción negativa es en buena medida porque no somos nosotros los que hablamos de lo que significa hacer empresa, si no que lo hacen otros". El dueño de Mercadona, Juan Roig, lo denominó "salir del armario" y el consejero delegado de otra de las grandes empresas familiares españolas, Acciona, José Manuel Entrecanales, "saltar al ruedo".

Tras estas palabras palpita un fondo de desafecto hacia una clase política que en los últimos años se ha acostumbrado a señalar a las grandes empresas a la hora de explicar por qué no se recaudaban más impuestos, por qué no se creaba empleo de calidad o por qué demonios no subían los salarios.  Y éstas, claro, han dicho basta: "Es sorprendente la admiración que despiertan las 'startups' o los pequeños proyectos empresariales y, por el contrario, el rechazo que generan las grandes empresas, que al fin y al cabo no son más que la culminación del sueño de alguien que un día fue emprendedor y que vio cumplido su sueño, además de ser las grandes creadores de riqueza y empleo y las que llevan la imagen de nuestro país al extranjero", se lamentaba Riberas estos días. 

El Instituto de la Empresa Familiar, cuyos asociados se pasaron el lunes reafirmándose en su condición de empresarios y conjurándose para defender en primera persona su buena reputación en el debate público, dispuso que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del PP y nuevo líder de la oposición, Pablo Casado, compartieran cartel el martes en la segunda jornada de su cónclave empresarial, el presidente en la clausura y Casado en la segunda conferencia de la jornada. Una oportunidad para comparar discursos y sacar conclusiones. El saldo no ha sido alentador.

"Ya no sabemos ni a quien votar"

La frase es de un empresario catalán que se reconoce votante del PP - bueno, más en concreto exvotante del PP - y hace referencia a la intervención matutina de Pablo Casado, en la que reiteró sus ya conocidos argumentos sobre la necesidad de que el Estado vuelva a tomar las riendas de Cataluña con una nueva aplicación del artículo 155. "No se puede hablar así de la situación en Cataluña. Los empresarios llevamos meses soportando una situación de gran tensión y lo que demandamos son soluciones no discursos que alimenten la confrontación. Estoy decepcionado. Ya no sabemos ni a quien vamos a tener que votar"

No es una percepción nueva entre el empresariado catalán, pero la sensación es que está abriendo una herida en el tejido empresarial catalán más próximo al PP difícil de cerrar. "Creo que no es consciente de la situación que vivimos en Cataluña. Lo estamos pasando muy mal y cada vez tenemos más la sensación de que está primando sus intereses partidistas sobre los de Cataluña, y sobre los de España", asegura un conocido empresario de la burguesía empresarial de Barcelona.

Por lo demás, Casado desgranó un discurso muy 'friendly' para el auditorio empresarial e incluso abrió las puertas de su incipiente proyecto político a los empresarios, con el argumento de aprovechar todo ese conocimiento acumulado en la aventura de levantar un proyecto empresarial. Por prometer, incluso prometió el cumplimiento de una de las históricas reivindicaciones del colectivo: la supresión del Impuesto de Sucesiones y Donaciones. El balance construido por La Información minutos después de la intervención de Casado a partir de las impresiones de no menos de una decena de empresarios invitan a pensar que aún pesa más el trato dispensado al empresariado por el último Gobierno de Mariano Rajoy que las buenas intenciones puestas sobre la mesa por Pablo Casado.

Silencio gélido para el presidente del Gobierno

Casado, al menos, recibió algo de calor desde las bancadas. Al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se le recibió con un brevísimo aplauso de cortesía y se le despidió con un silencio revelador. La reacción, aunque espontánea, se veía venir desde la víspera: los empresarios no sólo admiten abiertamente su incomodidad con la forma en que Pedro Sánchez ha llegado a La Moncloa sino que le afean haber alentado durante la negociación presupuestaria un relato muy dañiño para la imagen social de los empresarios, a los que se ha señalado verbalmente y sobre el papel como protegidos del Gobierno del PP, malos pagadores de impuestos -cuando no directamente defraudadores- y causantes directos de la precariedad laboral.

Y lo cierto es que Sánchez no hizo gran cosa en su discurso por salirse de ese relato. Volvió a recordar que las mayores empresas del país pagan alrededor de un 10% por el Impuesto de Sociedades - una realidad estadística, pero una falacia tributaria, ya que estás sometidas al tipo legal del 25% como cualquier empresa -, resumió su política de apoyo a los proyectos empresariales en la reducción del 25% al 23% del tipo impositivo de las empresas que facturan menos de un millón de euros - pocas o ninguna de las que están en el foro al que se dirigía - y se limitó a pedir a los empresarios que continuaran generando empleo y pagando impuestos "para que luego se redistribuyan a la sociedad".

El silencio con el que los más de 700 empresarios reunidos en Palacio de Congresos de Valencia despidieron al presidente del Gobierno da una idea de lo que le parecieron esos argumentos a su auditorio. La ovación en este tramo de la jornada se la llevó el presidente del IEF, Francisco J. Riberas, que recordó a Sánchez en un tono bastante duro que los empresarios "no podemos permitir que se continúen adoptando medidas de corto plazo sólo para garantizar la gobernabilidad".

Llegados a esta tesitura los empresarios están decididos a dar un paso adelante, no para hacer política pero sí para que se les escuche y se cuente con ellos a la hora de perfilar las políticas económicas que se apliquen en España, sobre las que se sienten concernidos y preocupados. "Es posible que la situación económica no sea muy diferente a la de hace unos meses, pero sí es verdad que hablas con unos y con otros y la percepción es que las cosas van a empeorar", admitía uno de los empresarios familiares participantes en el cónclave, reiterando lo reflejado en la encuesta realizada a todos los presentes en la primera jornada del Congreso.

Riberas recordó al presidente Sánchez que si eso ocurre, "y el cambio de ciclo ocurrirá tarde o temprano", España tiene que estar preparada para afrontar esa situación lo mejor posible. A la vista está que los empresarios no confían en que el país esté preparado.

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