Sábado, 16.02.2019 - 09:12 h
Sería un regalo envenenado

Soraya ante la encrucijada: ser candidata en Madrid puede ser un 'suicidio político'

El refugio del búnker de la Moncloa le permite no zozobrar junto al partido y seguir viva en la línea sucesoria. Ser cabeza de cartel podría hundirla.

Soraya Sáenz de Santamaría, este martes en el Congreso.
Soraya Sáenz de Santamaría en el Congreso de los diputados. / EFE

Ser cabeza de cartel, aunque sea en Madrid, no siempre es un regalo. Puede convertirse en una sentencia o directamente en un suicidio político. Que se lo pregunten a Esperanza Aguirre. Acudir con el cartel de salvador del partido es la excusa, pero el PP es consciente de que con las encuestas en la mano las posibilidades de mantener la Comunidad son más que remotas. Por un lado, Ciudadanos tiene en su mano optar por un pacto con el PSOE, incluso las izquierdas, dependiendo de los resultados, podrían juntarse como ya hicieron en su día en el Ayuntamiento. Rivera no dará oxígeno político a una figura tan potente como Soraya. 

Y es que en el caso de la vicepresidente se conjuga toda una tormenta perfecta. Desde el PP, son muchas las voces que consideran que es una 'outsider' del partido. Nunca se mojó ante sus problemas y como portavoz esquivó los temas candentes con el escudo de que no hablaba en nombre del PP sino del Ejecutivo. Es fácil vivir en el búnker de Moncloa, cubierta de los proyectiles del día a día, es el reproche de muchos en el PP que han vivido una legislatura a los pies de los caballos. 

En este sentido, fue Cospedal (que también aspira a la sucesión) la que se enfrentó a los casos de corrupción dando la cara ante la opinión pública. El partido no lo olvida. Por eso, enemigos declarados de Soraya, como Margallo, son los primeros que, con buenas palabras, la consideran una perfecta candidata para Madrid. Fuego amigo, el más dañino. Y la presión para que 'salve' Madrid puede aumentar. Cospedal fue enviada a Castilla La Mancha. La pregunta en el PP es ¿se ha ganado Soraya su poder? Como dijo con clara intención Margallo, "que yo recuerde no ha competido nunca en unas elecciones". Su fracaso en Cataluña también ha dañado su imagen de política resolutiva.

Y ahí entra el segundo elemento de esta tormenta perfecta que se cierne sobre Soraya. Es el estado de debilidad del partido y la capacidad de supervivencia de Rajoy, un experto en mover fichas y acabar con carreras en pos de seguir en la presidencia o liderando el partido. Ningún rebelde le sobrevive. Soraya no lo es, pero sí puede ser un peón para no perder Madrid. Y de paso, un rival menos de futuro.

Queda el tercer elemento de la ecuación. Soraya no desea ser cartel por Madrid porque no tiene nada que ganar. De perder, estaría calcinada políticamente. De ganar, sin mayoría absoluta, se podría ver desplazada por la izquierda. Y aún con una improbable victoria podría perder el tren sucesorio por el camino. Un tren cada día con más pasajeros: Feijóo, Pastor o Cospedal. El primero lloró ante la petición de Rajoy de sacar al partido adelante en Galicia. Con un pie en la empresa privada, creyó que su 'delfinato' tocaba a su fin, y que su carrera política seguía estancada sin llegar a la meta. Ganó, su apuesta por la sucesión sigue en pie, pero supo que había sido un salto al vació. Rajoy le empujó personalmente. Así es el jefe.

No es baladí que Rajoy haya entrado al trapo de la manida foto de Cospedal y Soraya el 2 de mayo. La polémica es "muy machista", ha destacado, añadiendo que desconoce un enfrentamiento entre ambas, que funcionan "intensamente" y "con una gran capacidad". Sabe Rajoy, veterano político que ya vivió en sus carnes la batalla por la sucesión de Aznar (su táctica fue la de mantenerse de perfil para no desairar al líder, mientras Rato se hacía el harakiri), que ante la sensación de pérdida de poder que se respira hoy en el PP, los cuchillos aparecen sin remedio. Y entre sus 'chicas', estos no descansan. Rajoy lo sabe, pero mira para otro lado. El desgaste de ambas tampoco le daña porque le convierte en imprescindible para la unidad del PP. De hecho, en un gesto hacia los críticos del partido con la acumulación de poder e influencia de Soraya la apartó de la portavocía del Gobierno... e incorporó a Cospedal en una cartera escasamente arriesgada pero de gran visibilidad: Defensa. Un premio a los servicios prestados... en diferido.

Cospedal y Soraya no son las únicas con expectativas de heredar el trono, si es que el PP es capaz de minar el avance de Cs. Feijóo, cada día más presente en los debates nacionales y el más duro con Cifuentes, presenta en su hoja de servicios su rescate gallego.... y el favor a Rajoy. Ana Pastor, íntima del presidente, también parece entrar en las quinielas. Es la más parecida al presidente y la que copiará su táctica de la era Aznar. Desde su puesto en el Congreso parece la menos expuesta al fuego amigo y a la política de acoso y derribo del día a día.

Santamaría es, objetivamente, la que cuenta con más enemigos dentro y fuera del partido. Y hay razones. Es la más temible. Controla el CNI, es la vicepresidenta y la más valorada del Gobierno con una con una nota de 3,34. María Dolores de Cospedal cuenta con un 2,51. Además, es la miembro del Gobierno más conocida por los ciudadanos (94,1%). Y su imagen es impoluta en relación a los temas de corrupción.

No es casualidad que desde la foto de la silla, Santamaría haya opinado de casi todo: sobre el 155, pidiendo lealtad a Cs; del peligro del nacionalismo, "la otra cara del populismo que hace muy difícil la gestión". Y también sobre el CIS y la caída constante del PP. "Hay que estar mucho más pendientes de los números de la economía y del bienestar de los ciudadanos que de lo que pueden medir las encuestas en un lapso de tiempo", ha señalado, muy al estilo de Rajoy. Sobre su posible candidatura, mutis.

Pero Soraya, la misma que llegó con su CV a la Moncloa y 'enamoró' a Aznar con su eficacia sabe que Rajoy ha leído a Maquiavelo. Hará lo que mejor convenga a sus intereses y a los del partido. Y decidirá con las encuestas en la mano y el control del partido en otra. ¿Sería capaz Soraya de mantener su no es no si se lo pide el líder?

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