Sábado, 22.09.2018 - 11:42 h
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La dieta de los economistas: perder peso siguiendo un programa de austeridad

Christopher Payne y Rob Barnett, economistas y antiguos obesos, aseguran que la mejor forma de adelgazar es generar un entorno de escasez

Adelgazar siguiendo un "programa autoimpuesto de auesteridad" / Pixabay
Adelgazar siguiendo un "programa autoimpuesto de austeridad" / Pixabay

No cabe duda de que la economía es un enorme determinante de lo que comemos. En los mercados ricos y desarrollados la comida barata está en todas partes, por lo que la obesidad se ha disparado. Por eso Christopher Payne y Rob Barnett, economistas y antiguos obesos, aseguran que la mejor forma de adelgazar es seguir un “programa autoimpuesto de austeridad alimenticia”.

No es un comentario satírico sobre las políticas del Fondo Monetario Internacional, es la premisa de su nuevo libro, The Economists Diet, que acaba de publicarse en EEUU.

Payne es experto en estabilidad financiera y Barnett analista de políticas sobre combustibles fósiles. Se conocieron siendo compañeros en Bloomberg LP, cuando ambos tenían un Índice de Masa Corporal nada saludable, fruto, probablemente, de interminables cenas con clientes y comidas de McDonald's.

En el volumen, los economistas escriben sobre sus esfuerzos para adelgazar aplicando las lecciones que aprendieron estudiando economía y con las que consiguieron perder más de 50 kilos en 18 meses.

Rob Barnett y Christopher Payne.
Rob Barnett y Christopher Payne.

Hay que apretarse el cinturón

El principal argumento del libro es que para perder peso se necesita una política de austeridad. La obesidad, aseguran, es como un Gobierno plagado de deudas, que tiene que tomar una decisión: un incumplimiento catastrófico, que te llevará a un rescate por parte de los médicos o, directamente, al infarto; o una política de recortes, esto es, comer menos.

Pero, según los economistas, hay una diferencia entre los obesos de los países desarrollados y un país que entra en default, y es que estos siguen rodeados de un entorno de abundancia y, por tanto, deben autoimponerse condiciones de escasez.

Para lograrlo, los economistas toman el trabajo de su colega Dan Ariely, autor de Las trampas del deseo (Booket), que anima a los consumidores a establecer meta-reglas, que les ayuden a no comprar cosas innecesarias. Este consejo, aplicado a la pérdida de peso, implica por ejemplo eliminar la tentación de todo lo que pueda considerarse una mala decisión. O, en resumidas cuentas, seguir el viejo truco de vaciar la nevera y la despensa de cualquier alimento que queramos evitar.

Como explica Joe Weisenthal en Bloomberg, el libro está lleno de diversos enfoques conductuales para una correcta toma de decisiones, que realmente no son sorprendentes (pero, como es de esperar, funcionan): comprar la comida por internet para reducir la tentación, tener como hábito no comer patatas o pan, pedir siempre en los restaurantes el tamaño más pequeño, cocinar en casa o no comer si no tienes hambre.

En definitiva, un conjunto de consejos para los que parece es imprescindible tener un doctorado en economía. Payne y Barnett reconocen su desconocimiento sobre nutrición, y ni siquiera discuten sobre ella. Algo que Weisenthal considera “refrescante”; pues así no es necesario plantearse si la ciencia que plantean es una patraña (sic).

The Economist Diet
Portada de 'The Economist Diet'

El ciclo de Deming aplicado a las dietas

Para comer menos, explican los economistas, es importante ser cuadriculado con la comida principal del día, que debe limitarse a un plato con alguna carne a la parrilla y dos porciones de vegetales para acompañar. Las otras ingestas deben ser muy ligeras: una sopa, una ensalada o un tazón de cereales no azucarados. Si tienes alguna indulgencia (porque acabas comiendo algún dulce o tienes un compromiso), las otras comidas deben omitirse por completo.

Además, aseguran, es importante seguir una estrategia de mejora continua para tener éxito a la hora de adelgazar, siguiendo un esquema similar al del conocido ciclo de Deming: planificar, hacer, verificar y actuar. Y para ello, es necesario pesarse a diario.

Por lo demás, el libro está lleno de consejos más o menos razonables a la par que obvios, como evitar las dietas de moda, desconfiar de los alimentos “bajos en grasa” y huir del alcohol, los refrescos y los cafés azucarados.

En definitiva, que siendo economista puedes escribir un libro sobre dietas, sin tener ni idea de nutrición y diciendo que para adelgazar hay que comer menos. ¿Algún nutricionista se atreve a hacer lo contrario con la economía global? Visto lo visto, quizás hasta nos va mejor…

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