Domingo, 16.12.2018 - 07:36 h
“Es una locura, pero funciona”, asegura su CEO

Esta compañía deja que sus empleados elijan cuánto quieren cobrar

La empresa inglesa Smarkets ha desarrollado un sistema por el cuál los empleados piden aumentos al resto de compañeros, que deciden si dárselos o no

Así se las gastan en las oficinas. / Smarkets
Así se las gastan en las oficinas. / Smarkets

La casa de apuestas online Smarkets deja que sus empleados elijan cuánto quieren ganar. Por supuesto, no complace las peticiones de todos ellos, pero deja que sean sus compañeros los que decidan si lo solicitado es justo o no.

El CEO de la compañía londinense, Jason Trost, reconoce a Business Inider que “no es tan guay como parece”. El sistema tiene errores que se van mejorando continuamente y ha costado adaptarse a él, pero está mereciendo la pena. “Es un proceso loco, pero funciona”, asegura.

Fue hace tres años cuando Trost introdujo el sistema con ánimo de arrojar transparencia en todas las facetas de la compañía. Desde ese momento el salario dejó de negociarse con la dirección –como es habitual en todas las empresas–, y es cada empleado el que sube lo que cree que debería ganar a una plataforma y sus colegas votan si lo merece o no.

Como se explica en el blog de la compañía, el proceso en completamente abierto. Cada persona propone un aumento salarial, que se compara con su rendimiento, la tasa de mercado y la retroalimentación de sus pares.

Cuando se estrenó el invento, todos los empleados podían pedir una revisión de su salario al mes, pero pronto se redujo el invento a dos veces al año. El salario de todos los empleados puede consultarse en cada momento en una wiki interna, lo que permite a todo el mundo saber qué ganan sus jefes y subordinados.

Jason Trost, CEO de Smarkets. / Smarkets
Jason Trost, CEO de Smarkets. / Smarkets

Una buena idea, difícil de implementar

La política de Smarkets va en la línea de lo que están apuntando numerosos expertos en management, que aseguran que la opacidad en torno a los salarios de una compañía no es beneficiosa ni para los trabajadores ni para la empresa.

Las empresas creen que al ocultar los salarios tienen más poder a la hora de negociar con los empleados, pues poseen una información que ellos no tienen y, además, pueden hacerles creer que tienen un sueldo aceptable respecto a otros compañeros. El problema es que, a la larga, esta perniciosa actitud acaba afectando también a las compañías, por una razón muy sencilla: los salarios son un precio, el de la fuerza de trabajo de un individuo, y los mercados funcionan mejor cuando se conocen los precios.

El sistema bajo el que trabaja la compañía inglesa permite a todos los empleados regular sus propios salarios: si solicitas un salario sustancialmente más alto que el de tus colegas estos no van a aprobarlo, pero sí aceptaran aumentos si has trabajado duro o tienes un problema personal que te empuje a pedir más dinero. Permite además controlar los salarios de los nuevos fichajes, sin que se levante suspicacias sobre lo que cobran o dejan de cobrar. Al menos en teoría.

Podría parecer que esta política es perniciosa para los empleadores, pues los compañeros pueden ponerse de acuerdo para subirse el salario alegremente, pero en realidad ocurre todo lo contrario.

“Las personas examinan lo que pides dentro de un tribunal interno”, ha explicado Trost a BI. “Algunas personas pensarán que es lo correcto, y algunas dirán que es demasiado o poco. Por lo general, dicen que es demasiado alto. Y luego reciben comentarios negativos y positivos”.

Si bien los empleados no pueden vetar por completo la petición de otra persona, pueden intentar bloquear un aumento. El sistema funciona en gran parte por consenso: no basta decir por qué una persona no debería ganar más, además hay que explicar directamente por qué.

La empresa quiere ser moderna en todos los aspectos de la gestión. / Smarkets
La empresa quiere ser moderna en todos los aspectos de la gestión. / Smarkets

La transparencia suena bien, hasta que es real

Trost reconoce que no ha sido nada fácil implementar este sistema, que al principio preocupaba a todo el mundo. Los miembros de una compañía, explica, no quieren saber en realidad si ganan mucho más o mucho menos, pues genera situaciones incómodas, y los directivos sienten que pierden en control sobre la plantilla.

Además, el sistema puede ser utilizado de forma maliciosa. Al poco de desplegar el sistema, un empleado descontento pidió que se le duplicara el salario a modo de protesta. Al final, el empleado se conformó con aproximadamente 40.000 dólares menos. Trost describe el incidente como “perturbador y una pérdida de tiempo”.

El sistema es transparente, pero no completamente justo. Al fin y al cabo la empresa sigue teniendo propietarios que, ante demandas desmedidas o un posible “complot” de los trabajadores, siempre pueden ejecutar despidos. Pese a esto, los empleados aseguran que crea un ambiente más saludable.

Los trabaajadores hablan siempre sobre las diferencias salariales, sea la información pública o no. Pero como apunta en BI Angeline Mulet-Marquis, una ingeniera francesa que ha trabajado en Smarkets durante cuatro años, el saber cuánto cobra cada uno hace que las discrepancias sobre los salarios sean más saludables, “pues sabemos que no hay tanta desigualdad”.

Trost asegura que el sistema beneficia a las personas que podrían ser buenas en sus trabajos pero que no son fuertes negociadores, y permite además cierta empatía con los compañeros: “Creo que permite que las personas sean humanas. Si alguien necesita comprar una casa y quiere unos miles más ... Si puedes dárselo a la gente, eso es realmente bueno”.

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