Jueves, 21.06.2018 - 13:19 h
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Mujer, si quieres cobrar como un hombre no puedes tener hijos de los 25 a los 35

Hay varias razones que explican la brecha salarial, pero una sobresale por encima de todas: las mujeres son penalizadas por su maternidad.

Los hijos destrozan la carrera laboral de las mujeres / Pixabay
Los hijos destrozan la carrera laboral de las mujeres / Pixabay

A nivel global, las mujeres ganan de media un 23% menos que los hombres, una situación que para la Organización de Naciones Unidas constituye “el mayor robo de la historia”. La cifra se corresponde, casi exactamente, a la que encontramos en la última década en España –un dato bastante mejor que el que se registró en 1995, cuando la brecha salarial era del 33 %–.

Hay varias razones que explican la brecha salarial, pero como apuntan numerosos estudios hay una que sobresale por encima de todas y que se da en todos los países, también los más avanzados en materia de igualdad: las mujeres son penalizadas por su maternidad.

Pese a sus generosas política sociales, los países escandinavos tienen una brecha salarial de entre el 15 y el 20 %, pero esta se da casi exclusivamente entre las mujeres que deciden ser madres. Lo mismo ocurre en Dinamarca. Como apunta un nuevo estudio realizado en una enorme muestra que analiza los datos demográficos de la totalidad de la población danesa entre 1980 y 2013, junto con detalles sobre sus trabajos y familias, si bien existe una brecha salarial antes de que las personas tengan hijos, es relativamente pequeña. Pero después del primer hijo, las ganancias brutas de las mujeres rápidamente caen un 30 por ciento y nunca se recuperaron completamente. A largo plazo, las madres ganan un 20 por ciento menos. Por el contrario, las mujeres que no tuvieron hijos continuaron aumentando sus ganancias a un ritmo similar al de los hombres.

Otro estudio reciente, señala que este fenómeno se da también en EEUU: inmediatamente después del primer nacimiento, la brecha salarial entre los cónyuges se duplica, un fenómeno que se explica por completo debido a la caída en el salario de la madre. Pero esta investigación ofrece una pista adicional.

Los mejores años para ser madre son también los mejores para ascender / Pixabay
Los mejores años para ser madre son también los mejores para ascender / Pixabay

El peor momento para ser madre

El trabajo, publicado por el censo estadounidense, apunta que cuando las mujeres tienen su primer hijo entre los 25 y los 35 años, su salario nunca se recupera en relación con el de sus maridos. Sin embargo, las mujeres que tienen su primer bebé ya sea antes de los 25 o después de los 35, antes de que comiencen sus carreras o una vez que están establecidas, eventualmente cierran la brecha salarial con sus maridos.

La paradoja es evidente: la década que va entre los 25 y los 35 años es la más decisiva en el desarrollo profesional, pero es también aquella en la que, al menos en EEUU, la mayoría de las mujeres tienen hijos.

Ahora bien, el perfil de las mujeres que tienen hijos antes de cumplir 25 y las que los tienen después de los 35 es bien distinto (también en España). Aquellas madres que dan a luz por primera vez bien entrada la treintena tienden a tener un mayor nivel educativo y mejores trabajos, mientras que las que tienen bebés en sus primeros años tienen menor nivel educativo y menores ingresos.

En general, las personas con bajos ingresos tienen una brecha salarial más pequeña (tanto hombres como mujeres ganan menos) y las personas que tienen bebés con más de 30 años podrían tener una brecha salarial menor porque es menos probable que tengan más de un hijo. Pero el hecho de que ambos grupos de mujeres recuperen sus ganancias, en relación con sus maridos, sugiere que también hay algo sobre tener hijos fuera de los mejores años de desarrollo profesional que perjudica menos a las mujeres, sin importar su ocupación.

Por cada hijo adicional, mayor brecha salarial / Pixabay
Por cada hijo adicional, mayor brecha salarial / Pixabay

Un reparto desigual de la crianza

Como apunta Claire Cain Miller en un artículo en The New York Times, una explicación plausible a este fenómeno tiene que ver con las características del actual mercado de trabajo –que, de nuevo, son a grandes rasgos similares en todo el mundo desarrollado–.

Las brechas salariales son menores cuando los trabajadores tienen cierto control sobre cuándo y dónde trabajar, pero lo cierto es que la mayoría de los empleos requieren pasar mucho tiempo en la oficina. En trabajos en los que se cobra más, se espera que las personas estén disponibles casi durante todo el día. En trabajos de baja remuneración, los horarios se han vuelto mucho menos predecibles, por lo que puede ser difícil para los padres que trabajan organizar el cuidado de los niños.

Al final, todas las madres salen perjudicadas. Y es evidente por qué: ellas emplean mucho más tiempo en el cuidado infantil y las responsabilidades relacionadas. Las mujeres tienen más probabilidades de pedir reducciones de jornada o excedencias, rechazar un ascenso o abandonar sus trabajos para cuidar a la familia. Incluso en los hogares en los que ambos progenitores trabajan a tiempo completo, las mujeres dedican casi el doble de tiempo a las tareas domésticas y al cuidado de los niños. Y cuando las mujeres trabajan menos horas, se les paga desproporcionadamente menos y es menos probable que obtengan aumentos o promociones.

Esta carga es, claro, especialmente problemática para las mujeres que están en plena construcción sus carreras, cuando deben trabajar más duro y demostrar su valía. No lo es tanto para las mujeres que ya tienen cierta antigüedad o que aún no han comenzado a trabajar. De ahí que la brecha sea menor cuando los hijos se tienen antes de los 25 o después de los 35 y que esta crezca, además, con cada retoño adicional.

La baja de paternidad también ayudaría a acortar la brecha salarial / Pixabay
La baja de paternidad también ayudaría a acortar la brecha salarial / Pixabay

Ni tanto ni tan calvo

Otro detalle importante que revela el nuevo estudio realizado en EEUU es que la brecha salarial y su relación con la crianza es muy similar a la de los estudios realizados en Escandinavia y Dinamarca, pese a que se trata de países con políticas sociales radicalmente opuestas. Los países del norte de Europa tienen un permiso de maternidad remunerado muy generoso, mientras que el Gobierno de Estados Unidos no ofrecen ninguna ayuda.

Como explica Cain Miller, puede ser que ambas políticas –permisos inexistentes o muy largos– conduzcan a las mujeres a dejar de trabajar. "Parece que podría haber un término medio donde se dé [a las madres] un permiso suficiente para que no tengan que renunciar a su empleo, pero no tanto tiempo para que tengan el incentivo de estar alejadas del trabajo demasiado tiempo”, asegura al Times la economista Danielle H. Sandler, autora de la investigación del censo estadounidense.

Una baja de maternidad más o menos larga no es lo único que ayudaría: también pueden impulsarse programas para ayudar a las mujeres a reincorporarse a la fuerza de trabajo, ofrecer puestos flexibles en tiempo y ubicación o destinar más ayudas para programas de guarderías. También ayudaría tener permisos de paternidad más largos y no transferibles, que hicieran a los hombres compartir responsabilidades.

Los estudios apuntan que todas estas medidas serían beneficiosas, ahora ¿estamos dispuestas aplicarlas? Sin ellas la brecha salarial nunca desaparecerá.

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