Miércoles, 20.03.2019 - 11:09 h
El problema es la sobrevaloración de la confianza 

Por qué hay tanto hombre incompetente mandando (y tanta mujer desperdiciada)

Tomas Chamorro-Premuzic, reputado profesor de Columbia y el University College London, explica por qué las mujeres son mejores líderes.

Las empresas están llenas de jefes incompetentes. / Pexels
Las empresas están llenas de jefes incompetentes. / Pexels

“Las mujeres son mejores líderes”, asegura sin tapujos Tomas Chamorro-Premuzic, jefe de talento de ManpowerGroup en una entrevista en 'The Financial Times'. “No soy neutral en esto. Soy sexista a favor de las mujeres. Las mujeres tienen mejores habilidades con las personas, son más altruistas, más capaces de controlar sus impulsos. Superan a los hombres en la universidad en los niveles de licenciatura y posgrado”.

Chamorro-Premuzic, que es un reputado profesor de psicología que imparte clases en instituciones tan prestigiosas como el University College London y la Columbia University, acaba de publicar un nuevo y polémico libro que lleva como título ‘¿Por qué tantos hombres incompetentes llegan a líderes? (Y cómo arreglarlo)’.

El volumen está basado en un artículo que escribió en 2013 para 'Harvard Business Review' y que levantó una enorme polvareda. En él explora los motivos por los que las mujeres tienen tantas dificultades para llegar a posiciones de liderazgo en el entorno empresarial.

Aunque mucha gente sigue pensando que las mujeres no están capacitadas o no están interesadas en ser líderes, la opinión más compartida y la más políticamente correcta es que no llegan a puestos altos de la jerarquía empresarial por el conocido como “techo de cristal”, una barrera invisible, basada en estereotipos, que les impide progresar.

Pero en opinión de Chamorro-Premuzic, la verdadera razón por la que hay más hombres que mujeres en la alta dirección es nuestra torpeza a la hora de distinguir entre “confianza” y “competencia”.

“Nosotros (las personas en general) comúnmente malinterpretamos las demostraciones de confianza como un signo de competencia, nos engañamos creyendo que los hombres son mejores líderes que las mujeres”, explicaba el profesor en 'Harvard Business Review'. “En otras palabras, cuando se trata de liderazgo, la única ventaja que los hombres tienen sobre las mujeres (de Argentina a Noruega y de Estados Unidos a Japón) es el hecho de que las manifestaciones de arrogancia, a menudo enmascaradas como carisma o encanto, se suelen confundir con potencial de liderazgo, y esto ocurre con mucha más frecuencia en hombres que en mujeres”.

La intuición nos engaña

Como explica Chamorro-Premuzic en su nuevo libro, a la hora de juzgar si alguien es competente utilizamos más la intuición que las métricas, y tenemos una mentalidad, machacada a base de décadas de propaganda, que premia el individualismo y el “cree en ti mismo” por encima de la verdadera competencia. Y esta mentalidad, no por casualidad, beneficia a los hombres.

Casi en cualquier parte del mundo, asegura el profesor, los hombres tienden a pensar que son mucho más inteligentes que las mujeres, y actúan conforme a esa creencia, de forma arrogante y confiada, que son cualidades que asociamos erróneamente al buen liderazgo.

Tal vez, asegura el profesor, deberíamos valorar más la modestia. Ya sea en los deportes, la política o los negocios, los mejores líderes son generalmente gente humilde. Y, ya sea por naturaleza o educación, las mujeres son más humildes que los hombres. Pero dado que no consideramos la humildad como un rasgo importante en un líder, estamos desperdiciando el talento valiosísimo que muchas mujeres tendrían como directivas.

Vladímir Putin
Vladímir Putin / EFE

Los estilos de liderazgo más silenciosos a menudo se pasan por alto ya que nos fijamos más en los dirigentes bravucones y narcisistas. “Hay un culto a la confianza”, asegura el profesor en 'The Financial Times'. Y esto se debe en parte a que la confianza es “más fácil de observar”. Al fin y al cabo, poniendo un ejemplo reciente de esta doble vara de medir de la que habla Chamorro-Premuzic, alguien como Pablo Casado pasa menos desapercibido que Soraya Sáez de Santamaría, aunque la segunda tenga a todas luces más experiencia de liderazgo.

Esta preferencia de la sociedad por los líderes carismáticos, cuando no arrogantes, hace que hayamos encumbrado como modelos de liderazgo a personas que, claramente, padecían o padecen trastornos psicológicos más o menos acusados. Steve Jobs o Vladimir Putin son claramente narcisistas, la mayoría de los dictadores son unos psicópatas, los líderes histriónicos se cuentan a patadas (Chamorro-Premuzic cita a Richard Branson o Steve Ballmer) y en la política apenas hay dirigentes que no tengan comportamientos maquiavélicos.

Las mujeres tienen confianza, pero no abusan de ella

Una de las críticas que se puede hacer a la teoría de Chamorro-Premuzic –al que le han llamado de todo–, es que son las propias mujeres las que, dada su falta de confianza, no se hacen valer. Pero el profesor cree que las mujeres, sencillamente, son menos dadas a inflar sus capacidades, y cuando lo hacen se les juzga más duramente.

“Sus errores son juzgados más severamente y recordados por más tiempo”, explica el profesor. “Su comportamiento se examina con más cuidado y es menos probable que sus colegas compartan información vital con ellos. Cuando las mujeres hablan, es más probable que sean interrumpidas o ignoradas”.

Aunque en el libro Chamorro-Premuzic cita estudios en los que se explica que las mujeres tienen más inteligencia emocional, empatía, altruismo, autoconciencia y humildad, características que insiste hacen de ellas mejores líderes, su objetivo no es tanto señalar que serían mejores directivas, sino cambiar nuestro criterio a la hora de decidir qué hace a alguien un buen líder.

Para avanzar en la igualdad, no deberíamos concentrarnos solo en eliminar obstáculos a las mujeres, sino también, y quizás con más ímpetu, en dificultar que los hombres incompetentes lleguen a lo más alto. En su opinión, la discriminación positiva no sería siquiera necesaria si se evaluara el liderazgo con datos, y no de forma subjetiva, pues veríamos entonces que en general hay más mujeres que encajan en roles directivos que hombres.

Cambiar la imagen que tenemos de un buen líder no solo facilitaría el ascenso de muchas más mujeres, además ayudaría a los hombres más modestos que son completamente ignorados.

“En resumen, no se puede negar que el camino de las mujeres a las posiciones de liderazgo está repleto de obstáculos, incluido un techo de cristal muy grueso”, concluye Chamorro-Premuzic en su seminal artículo publicado en Harvard Business Review. “Pero un problema mucho mayor es la falta de obstáculos profesionales para los hombres incompetentes, y el hecho de que tendemos a equiparar el liderazgo con las características psicológicas que hacen al hombre promedio un líder más inepto que la mujer promedio. El resultado es un sistema patológico que recompensa a los hombres por su incompetencia mientras castiga a las mujeres por su competencia, en detrimento de todos”.

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