Lunes, 06.04.2020 - 21:40 h
Cuaderno de venta

Shock de oferta o de demanda: ¿qué virus económico nos invade?

"Si descubriéramos que los extraterrestres estaban planeando atacarnos y necesitamos inversiones masivas para contrarrestar la amenaza de los ‘alien’, la inflación y los déficits presupuestarios pasarían a ocupar un segundo plano y esta depresión terminaría en 18 meses. Y luego, si descubrimos que, vaya, cometimos un error, resulta que no había ningún extraterrestre, pues estaríamos mejor".

El Nobel y economista Paul Krugman se hizo viral en 2011 con esta propuesta, entre bromas, en un debate en televisión con su colega Kenneth Rogoff en el que recordaba que la Segunda Guerra Mundial puso fin a la Gran Depresión en EEUU. Proponía la idea de una invasión 'fake' para obligase a los gobiernos a levantar planes de gasto y estímulos fiscales de grandes dimensiones para enterrar la incertidumbre y el estancamiento económico posterior a la crisis de 2008.

Casi una década después, no ha hecho falta la llegada de ningún marciano si bien la entrada en escena del coronavirus Sars-Cov-2 y la enfermedad Covid-19 es la clase de amenaza para la estabilidad económica y financiera que hubiera imaginado Krugman. La situación tiene precedentes en lo sanitario (Sars, Mers), pero no en lo económico. China, el país inicialmente más afectado, es hoy el gran fábrica de Occidente, con un PIB 9 veces mayor y una eleva conexión con el resto de economías a través de empresas, turismo y expatriados. La globalización, lógicamente, ha facilitado la propagación del coronavirus por todo el mundo mundo y que se haya convertido en una amenaza global.

Siempre es pronto para predecir un impacto económico, como repite erre que erre la ministra Nadia Calviño, pero las primeras mediciones apuntan a lo peor. Colapso del tráfico áereo, del turismo y amenaza a las cadenas de suministros de sectores manufactureros como el textil o el automóvil, entre otros. A diferencia de 2003 con el Sars, el foco es global pero el desarrollo de las redes de telecomunicaciones y de Internet permitirán con el 'teletrabajo' a una buena parte de la economía en el sector servicios. La 'telefabricación' es más difícil todavía. El golpe global es de grandes dimensiones. La patronal de las aerolíneas IATA ha triplicado en un lapso de dos semanas de 27.000 a más de 100.000 millones de euros el impacto sobre los ingresos de las aerolíneas y alguna ya ha quebrado. 

Permítanme un símil bruto pero suficientemente gráfico: el nuevo coronavirus se ha convertido en un violento golpe en el estómago de las economías más conectadas con el exterior. Ahora solo falta saber si el topetazo viene en forma de puñetazo o patada. Si es de la primera forma será doloroso, pero transitorio. Si es la segunda… la recuperación tardará tiempo en volver. En este caso, el factor tiempo es el que marcará la diferencia. Cuanto más dure el estado actual de incertidumbre, desconfianza y parón, más doloroso será.

Que la Reserva Federal (Fed) de EEUU haya saltado como un resorte a escena con una rebaja de tipos de medio punto da una idea de la gravedad de las proyecciones, que ya estaba cojeando en el arranque de este año por el cierre de la producción de Boeing por el caso del 737 Max. Pero también golpeará a España. Firmas de prestigio como Goldman Sachs y S&P ya han pronosticado un impacto de cinco décimas para el crecimiento de 2020 y solo ha pasado un mes y medio desde que el coronavirus se presentó públicamente.

Efecto placebo y ayudas reales

La naturaleza del ‘shock’ del Covid-19 para la economía es clave para dar una respuesta adecuada. ¿Oferta, demanda o las dos? Una mayoría de expertos considera todavía que tiene un efecto disruptor sobre la oferta, traslándola en el tiempo y manteniendo latente. Sin embargo, los efectos son mucho más complejos y tienen una gran variedad de grises. China es el mayor consumidor del mundo de muchos productos como las materias primas. Su parón ha provocado buena parte del crash de los precios del petróleo (-20 dólares, -33%) en las últimas semanas.

La crisis de los mercados bursátiles desde el 19 de febrero (-17% en el Ibex 35) ha generado una ola de desconfianza que también está minando la demanda en EEUU y Europa. Este es el peor de los escenarios posibles y ante el que no cabe la inacción. El tiempo que dure, repetimos, amplificará o reducirá los potenciales efectos dañinos para la economía. Sin hablar, por ejemplo, de las consecuencias en la formación de precios que tiene la desaparición de empresas, la escasez de algún producto o la sobredemanda de otros, pero esas derivadas todavía parecen lejanas.

Una vez más, la primera línea de respuesta ha llegado de los bancos centrales con bajadas de tipos de interés masivas como la Fed o, en su defecto, manguerazo de liquidez como hará el BCE de aquí a dos semanas. Desde Bank of America creen que la primera es una respuesta equivocada porque solo tiene un “efecto placebo”, mientras que la segunda opción es realmente la que “ayuda” a la economía ahora.

La cuestión es que el ‘shock’ económico del Covid-19 tiene un ciclo de deterioro y efectos colaterales: mientras la caja aguante. Miles de empresas y autónomos tendrán que tirar de crédito para aguantar el tirón por la ausencia de ventas o clientes en sus negocios. Aquellos que no puedan seguir acabarán destruyendo empleo y, a su vez, trasladando a los bancos una dosis de morosidad que, en última instancia, mutará en problemas de solvencia.

La buena noticia es que el ciclo está en una fase temprana para cortarlo, pero requiere de una respuesta fiscal: desde diferimiento del pago de impuestos directos o indirectos, créditos blandos, inyecciones de capital o la certeza de que habrá planes de recuperación para ayudar a remontar el vuelo. La alerta sanitaria del coronavirus, salvo catástrofe, tendrá un efecto transitorio. El bajón económico, también. La Organización Mundial del Turismo (OMT) acaba de recordar la importancia del sector al que representa, que supone 1,5 billones de euros en ingresos cada año. Ahora mismo esa cifra está en riesgo si el turista se queda en casa.

Por el momento, la economía afronta la caída del primer palo de una uve, pero dependerá de las contramedidas que se pongan en marcha que cuando se toque fondo sea para terminar de dibuja la uve o una figura de estancamiento. EEUU (7.300 millones de euros) e Italia (7.500 millones) han puesto en marcha sendos paquetes de ayuda que se antojan escasos. La respuesta debe ser mucho más contundente y coordinada a nivel internacional con una cifra suficiente que se convierta en un muro ante la posibilidad de una crisis. Si luego es un error, no pasa nada: estaremos mejor que antes y puede que ni siquiera se haya hecho uso de la hucha.

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