Viernes, 13.12.2019 - 12:36 h
El adiós del presidente de CEOE

Rosell echa su último pulso y reserva 31 sillas de la cúpula de CEOE para empresas

Con la indignación por su visita a Junqueras aún latente, el presidente caldea su última Ejecutiva con una propuesta que enerva a media organización.

El presidente de CEOE, Juan Rosell, y el de CEPYME, Antonio Garamendi.
El presidente saliente de CEOE, Juan Rosell, y su probable sucesor en el cargo, Antonio Garamendi, actual presidente de Cepyme / EFE

Lo incluyó en su programa de Gobierno, lo ha trabajado con dedicación durante sus años de mandato, anunció que no se iría sin hacerlo y este miércoles, en la última reunión que presidirá del Comité Ejecutivo y la Junta Directiva de CEOE, lo va a someter a votación. Juan Rosell propondrá a las organizaciones miembro de la principal confederación empresarial del país abrir por primera vez en su historia las puertas de sus órganos de gobierno a empresas particulares, un asunto que hasta la fecha ha constituido un tabú para la organización y que muchos asociados entienden como una auténtica declaración de guerra.

Rosell remitió este martes a todos los miembros de la Junta Directiva - apenas 24 horas antes de la celebración del encuentro - un sucinto mensaje, al que ha tenido acceso La Información, en el que bajo el título 'Propuesta para la composición de la nueva Junta Directiva para el periodo 2019-2022' desgrana en cuatro criterios generales los nuevos parámetros que desde su punto de vista deben regir la composición del principal órgano colegiado de gobierno, administración y dirección de CEOE durante el próximo mandato. 

La principal novedad se encuentra en el criterio 3, en el que Rosell propone reservar hasta 31 vocalías de la futura Junta Directiva de CEOE - cuya composición oscilará entre los 200 y los 250 miembros - a futuras incorporaciones de organizaciones empresariales, aumentos de vocalías que pudieran producirse y, aquí viene la novedad, "representantes de empresas asociadas, a propuesta del presidente". La maniobra implica reserva entre un 10% y un 15% de los puestos de la Junta a empresas.

El asunto tiene tintes de revolución. CEOE nació en 1977 como una confederación de organizaciones empresariales, como reza su nombre, y durante sus 41 años de historia ha estado gobernada por las organizaciones territoriales y sectoriales a través de los órganos previstos en los Estatutos: la Asamblea General, constituida por la totalidad de las organizaciones miembro; la Junta Directiva, formada por entre 200 y 250 miembros de las entidades con mayor número de vocalías; y el Comité Ejecutivo, formado por el presidente, los vicepresidentes, un núcleo de cinco personas de reconocido prestigio designadas por el presidente y un puñado de representantes elegidos por la Junta Directiva, hasta sumar medio centenar de miembros. 

Rosell, que al principio de su mandato tuvo que lidiar con la amenaza de los problemas financieros de muchas de sus organizaciones miembro y con la competencia real encarnada por el Consejo Empresarial de Competitividad, impulsado por las grandes del Ibex 35, tuvo siempre bien claro que CEOE debía ser una suerte de 'casa de todos' y que para ello debía acoger también a las grandes empresas del país. 

Su estrategia ha ensanchado la nómina de empresas asociadas a la organización, entre las que se cuentan gigantes como Santander, Telefónica, Google, Iberia, Merlin Properties, Seat, Mercadona, Repsol o el Grupo Eulen, y ha apuntalado la solvencia financiera de la organización, que ha obtenido por ese canal cerca de la mitad de sus recursos presupuestarios. Pero en su opinión tenía un déficit: la falta de representación de las empresas de cuota en los órganos de gobierno. Según las fuentes de la organización consultadas el movimiento de Rosell se hace de acuerdo con su probable sucesor, Antonio Garamendi.

Fuerte oposición a la revolución interna de Rosell

Si no lo ha hecho antes es porque ha sido consciente de que el asunto levanta ampollas en la organización y es rechazado de plano por buena parte de sus asociados. "CEOE es una confederación de organizaciones empresariales, no de empresas. Si se incluye a las empresas en sus órganos de gobierno ya estamos hablando de otra cosa y nuestro papel quedaría muy cuestionado", protesta un miembro de la Junta Directiva.

Ése es el principal temor que albergan muchas organizaciones territoriales y sectoriales. Si una gran empresa puede hacer valer sus intereses de forma directa en los órganos de gobierno de CEOE, ¿para qué necesitan la intermediación de las organizaciones empresariales regionales o de sector? ¿Para qué van a seguir pagando sus cuotas en éstas? El asunto significa una línea roja para muchas organizaciones de CEOE que incluso advierten de que un movimiento en ese sentido podría hacer salir de CEOE a no pocas organizaciones.

La cuestión se planteará, además, cuando aún no se ha atenuado la indignación de un sector importante de CEOE con su actual presidente por la insólita visita realizada a Oriol Junquera a la prisión de Lledoners, que se ha interpretado como un desprecio a los órganos de gobierno de la confederación y como un golpe a la reputación de la misma.

Nuevos criterios para acceder a la Junta Directiva

La apertura de la Junta Directiva de CEOE a las grandes empresas del país es la más significativa pero no la única novedad que planteará Rosell en la Junta Directiva de este miércoles. El presidente saliente pretende sistematizar el mecanismo de representación de las organizaciones miembro en su principal órgano de gobierno, bajo el criterio de asignar un representante en la Junta Directiva por cada tres vocalías en la Asamblea General. Las vocalías son el método de representación implantado en la era del fallecido José María Cuevas y traducen la aportación económica de las organizaciones miembro a la confederación.

El mecanismo planteado por el actual presidente de la patronal establece mecanismos de compensación para garantizar la representatividad de la Junta, como por ejemplo garantizar al menos un representante a todas las organizaciones territoriales de ámbito autonómico con independencia de su número de vocales en la Asamblea General; o permitir que las organizaciones pequeñas sumen sus vocales para obtener representación en la Junta y que ésta sea rotatoria entre las organizaciones durante los cuatro años siguientes.

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