Sábado, 18.01.2020 - 00:04 h
El largo camino hasta el acto

Del "señor Iglesias" al "amigo Pablo" en solo 48 horas... tras 196 días de reproches

El abrazo entre los líderes de PSOE y UP capta el feliz reencuentro de una izquierda entre la que no siempre ha reinado la cordialidad. 

Foto de archivo de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. / EUROPA PRESS

La reciente alianza entre el Partido Socialista y Unidas Podemos supone la reconciliación de las dos grandes facciones de la izquierda que, durante los últimos 24 meses, parecían separadas por un abismo insalvable. Los líderes de ambas formaciones han pasado del cruce de reproches e intercambio de insultos al tono conciliador y las palabras de gratitud en apenas 48 horas. Para Pedro Sánchez, el dirigente de UP ha pasado de ser "el señor Iglesias" -el 'apelativo' que utilizaba antes del 10-N- a convertirse en "el amigo Pablo" con el que el presidente en funciones ha firmado este martes el 'acuerdo del comedor'.

Luchar contra "la precariedad del mercado laboral", fortalecer las autonomías, encaminar la Administración "hacia la justicia fiscal"... son algunos de los ejes del acuerdo y puntos de coincidencia entre ambas formaciones. Sin embargo, antes de la foto de este martes y de los abrazos entre Sánchez e Iglesias la tensión y el fracaso del diálogo ha sido la nota dominante desde que unieron esfuerzos para expulsar a Mariano Rajoy de la Moncloa en junio de 2018.

Horas antes de la sesión del 25 de julio en la que el Congreso debía decidir sobre la investidura de Sánchez como presidente del Gobierno, PSOE y Podemos dieron por rotas las negociaciones y, con ellas, cualquier esperanza en la formación de un Ejecutivo. La abstención de UP cayó como un jarro de agua fría sobre la bancada socialista.

El mayor escollo para los equipos negociadores de ambos partidos fue el Ministerio de Trabajo, que Iglesias exigía como condicion 'sine qua non' para abrazar la candidatura de Sánchez al frente de un nuevo Ejecutivo. En el cruce de reproches, con el Congreso como campo de batalla, el líder socialista no camuflaba su asombro: "No conozco precedente alguno en el que un dirigente se sienta humillado ante la oferta de una vicepresidencia del Gobierno o de un ministerio". Iglesias replicaba que no le habían ofrecido "nada": "Por la cerrazón de no hacer un Gobierno de coalición con nosotros proporcional a los votos obtenidos...  me temo que no será presidente nunca". 

La tensión, lejos de mitigarse después del fracaso del pasado julio, experimentó una grave escalada durante la pasada campaña electoral, cuando la relación de socios preferentes con la que ambas formaciones habían acariciado un Gobierno progresista parecía haber naufragado sin opción de rescate. En las semanas previas a las elecciones, Sánchez e Iglesias hicieron del otro la diana de sus críticas, erosionando el discurso del frente libertador contra el auge de la extrema derecha. Y el debate del 4 de noviembre abrió la veda de la ignominia.

Iglesias aprovechó la 'patinada' con la Fiscalía al presidente en funciones para recordar al socialista la independencia de poderes de Montesquieu cuando Sánchez cometió una de sus mayores equivocaciones en campaña al comprometerse a "traer de vuelta" al fugado Puigdemont y dejó caer que la Fiscalía depende del Gobierno. El líder de los 'morados' no dudó en caricaturizar a Sánchez en uno de sus mítines: "Y uno se pregunta, Pedro Sánchez encabezando un comando de los GEO, descendiendo en un helicóptero en Waterloo".

La idea de un Gobierno de coalición sellado en 48 horas choca con la caricaturización que ambas partes han difundido de la otra. Así, hace unos días Sánchez aseguraba que no podría llevar a Iglesias de vicepresidente porque "no dormiría por la noche, junto con el 95% de los ciudadanos de este país que tampoco se sentirían tranquilos". Del mismo modo, el socialista acusaba a Iglesias de querer "partir por dos definitivamente la sociedad catalana", mientras este denunciaba la imposibilidad de "negociar en 48 horas lo que no se ha querido negociar en cuarenta días". 

Tras el paso del pronunciamiento de los ciudadanos en las urnas, dos días han sido suficientes para sellar un acuerdo de Gobierno entre los líderes. Sánchez dormirá esta noche con la perspectiva del "amigo Iglesias" como futuro vicepresidente, al igual que el resto de los españoles. Los efectos secundarios de la democracia.

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