Jueves, 19.09.2019 - 22:42 h
El 'banquero' del Gobierno de EEUU 

China y el 'caso Huawei': el arma de lavar la imagen con campañas de publicidad

El caso de la 'teleco' es el ejemplo; la firma privada nació bajo el ala protectora de Pekín y ya es uno de los grandes fabricantes de móviles.

China y EEUU dan un empujón a las bolsas
El otro arma comercial de China: 'lavar' su imagen con campañas de publicidad. / Pixabay

Hace tiempo que los medios de comunicación advierten a los políticos europeos para que reaccionen ante la guerra comercial entre EEUU y China. “Bruselas necesita una estrategia común frente a la guerra económica global”, advertía esta semana 'El País'. Una página antes, en la versión de papel del mismo diario, una desconocida empresa china llamada Mengniu había pagado un anuncio a una página sobre “el gigante chino de productos lácteos”.

Mengniu, por si no lo sabíamos, se creó hace dos décadas en la ciudad china de Hohhot. Hoy, según el mismo anuncio, “es la décima mayor compañía mundial del sector y factura más de 8.900 millones de euros al año”. Para penetrar en los mercados mundiales, se ha servido de alianzas con Danone, Cofco y Arla. Ha entrado con su leche en Singapur, Indonesia, Filipinas, Malasia, Myanmar, Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Si ha puesto un anuncio en la prensa española es porque va a desembarcar en España con sus productos, o al menos, los no perecederos como leche en polvo.

Es lo que hizo en Nueva Zelanda, donde ahora está a lo largo de toda la cadena productiva, produciendo lácteos desde el origen hasta el producto final en el supermercado, gracias a su compañía china-neozelandesa Mangniu-Yashili.

Es decir, mientras el diario español pedía una estrategia común frente a la batalla comercial, por la puerta de atrás uno de los contendientes de esa batalla sigue con su política de penetración en Occidente a través de lo que mejor saben hacer los chinos: hordas de productos a bajo precio, producidos por hordas de trabajadores que laboran en jornadas extensas y sin control, en hordas de compañías que roban patentes occidentales y que están alineadas con la política exterior del Gobierno chino, que les apoya con hordas de yuanes salidos de los bancos públicos, y cuyas campañas de marketing y publicidad riegan en hordas el globo terráqueo, con el fin de convertirse en la potencia dominante mundial en pocas décadas.

El caso de Huawei es el ejemplo en gran escala. Esta compañía privada china nació bajo el ala protectora del Gobierno chino, y se ha convertido en uno de los mayores fabricantes mundiales de teléfonos móviles.

Desde hacía tiempo, el Gobierno de EEUU estaba percibiendo que esta compañía hacía cosas dignas del guionista más malvado de películas de espías. Primero, grababa conversaciones de ciudadanos norteamericanos. Segundo, transfería esa información al Ejecutivo chino. Tercero, ofrecía tecnología a países del Eje del Mal como Irán.

Por eso, EEUU lanzó una ofensiva contra Huawei. En febrero de 2018, el director del FBI previno a los norteamericanos de comprar estos móviles. Luego, el Pentágono prohibió que esos teléfonos estuvieran en las bases miliares norteamericanas. A lo cual siguieron reacciones de empresas y países que se distanciaban de Huawei, justo el año en que se convirtió en el segundo fabricante mundial. Parecía que nada le afectaba.

A medida que Estados Unidos ha ido apretando su mano contra Huawei, la compañía ha aumentado su campaña mundial de publicidad y de Relaciones Públicas.

A principios de este año, insertó una página entera en 'The Wall Street Journal' invitando a los periodistas norteamericanos a conocer mejor la compañía, incluso viajando a China, y que “no se creyesen todo lo que oían”. Los empleados de Huawei, una empresa con 30 años de experiencia, han estado en las situaciones y ambientes más difíciles de la tierra, decía la página de publicidad: “Construimos estaciones base en los entornos más hostiles, como el Círculo Polar Ártico, el Sáhara, las selvas tropicales de América del Sur e incluso en el Monte Everest. A raíz de desastres como el 'tsunami' en Indonesia, el desastre nuclear en Japón y el terremoto masivo en Chile, nuestros empleados fueron algunos de los primeros en el terreno, trabajando incansablemente para restaurar las redes de comunicaciones y apoyar el socorro en casos de desastre”.

La compañía acentuó sus campañas de marketing a través de 'influencers', cosa que venía haciendo muy bien desde hacía años. Utilizaba las ferias de tecnología como CES, que tienen lugar en febrero en EEUU, para apoyarse en los influencers y presentar sus novedades. Puesto que en la feria en 2019 ya no podían verse sus móviles, lo intentaron con sus ordenadores y tabletas.

Da igual. Los resultados de Huawei del primer semestre de este año dan un repaso a sus críticos. Obtuvo unos ingresos de 401.300 millones de yuanes, que son más de 52.000 millones de euros, es decir, un 23,2% más que al año pasado. Vende un 24% más de teléfonos inteligentes que el mismo periodo del año pasado. A escala planetaria, 500 millones de personas usan terminales Huawei. “Hemos crecido incluso después de haber sido puestos en la Entity List (la lista negra elaborada por EEUU)", dijo un portavoz de la compañía.

Los anuncios de Huawei proliferan por todo el mundo como si nada hubiera pasado. Incluso más que antes. No solo en marquesinas, sino que ha aumentado la inversión de Huawei en 'influencers' occidentales, que se prestan a hacerle el juego a la compañía-espía por un buen puñado de dólares.

Lo que sucede con las empresas chinas es lo que se llama un pacto fáustico. Occidente se ha rendido ante sus precios y su tecnología, y cuando se ha querido dar cuenta de que detrás de estas empresas chinas puede haber una estrategia de espionaje que implica al propio Gobierno, ya es demasiado tarde porque hemos vendido nuestra alma a los chinos. A los consumidores occidentales, como recordaba la página especializada Techradar, les interesa más si su Huawei va a seguir funcionando. El resto les da igual.

Lo que Occidente no entiende es que China no emplea las mismas reglas de mercado. Un ejemplo es la política de tipos de cambio. Los chinos suben y bajan el cambio del yuan, su moneda, casi por decreto para favorecer sus intereses. Es lo que hizo hace unos días depreciando el yuan un 2,5% hasta los 7,05 yuanes por dólar. En las economías libres, es el mercado quien establece ese cambio.

El Banco de la República Popular de China, en cambio, vincula el cambio del yuan al dólar a la cifra que le convenga a la estrategia del estado, y luego permite una fluctuación entre un 1 y un 2%. Aún así las presiones del mercado son evidentes, pues se estima que el yuan esta infravaluado en un 50%. Para evitar esa sobrevaluación, el Estado chino compra dólares.

Hoy, el Estado chino tiene en sus manos más de 1,1 billones (con b), de dólares de deuda americana producto de esa estrategia. Eso es el equivalente a tener una bomba atómica, recordaba un columnista de 'El País' porque si se ponen a vender bonos, hunden el mercado estadounidense de bonos. China se ha convertido en el banquero del Gobierno de EEUU.

Para muchos, esto es solo un poco de paranoia occidental, especialmente norteamericana, sobre el dominio mundial de China. Para otros, como el diario británico 'The Guardian', el meollo es que EEUU quiere ganar tiempo para competir en el próximo mercado gigantesco de los 5G, los móviles de la nueva generación.

Puede ser que haya algo de paranoia. Pero nadie puede poner en duda que los chinos se están posicionando para ser la nueva potencia mundial con técnicas que chocan con las reglas del juego de Occidente. Cuando las empresas occidentales se quieran dar cuenta, quizá sea demasiado tarde. Mientras tanto, las empresas chinas seguirán publicando anuncios a toda página en la prensa occidental, como el de 'The Wall Street Journal', con el mensaje de: “No os creáis todo lo que dicen de nosotros”.

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