Viernes, 06.12.2019 - 08:34 h

Iglesias, vicepresidente: Sánchez no podrá volver a dormir tranquilo

La política hace extraños compañeros de cama. La relación entre PSOE y Unidas Podemos, más en concreto entre sus líderes, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, es más tensa que la cuerda de una guitarra pero, está claro, que la necesidad hace virtud. Y la situación de bloqueo político, repetición electoral, hartazgo ciudadano y miedo a nuevas urnas parecen suficientes argumentos como para fumar la pipa de la paz.

Pablo Iglesias no le gusta nada a Pedro Sánchez. El presidente en funciones se lo ha dicho por activa y por pasiva a lo largo de los últimos meses. Basta con echar un poco la vista atrás para comprobar que entre ambos no hay química, salvo aquella que provoca explosiones. Poco importa que ahora se tuteen y se llamen por sus nombres de pila mientras firman sonrientes el acuerdo que rompe el hielo para una investidura. No hay 'amor', pues.

Fue el propio Sánchez el que renegó de Iglesias vetándole en un posible Gobierno de progreso con los socialistas. No hace mucho, aunque parezca que fue ya hace lustros. En ese momento, Iglesias cedió y se puso a un lado, para que el pacto entre ambas formaciones pudiese salir adelante. Pero claro, vinieron las exigencias en forma de asientos ministeriales que el PSOE no estaba dispuesto a ceder a un grupo político con el que hay más chispas que luces.

Sánchez llegó a decir que "no dormiría tranquilo" sellando un gobierno de coalición con Unidas Podemos. El líder socialista era incapaz de visualizar a políticos y políticas morados "sin experiencia en gestión pública" pululando por la sala del Consejo de Ministros. “Yo hoy podría ser presidente del Gobierno si hubiera aceptado las imposiciones de Iglesias”, llegó a decir. Y no lo fue.

Podemos aspiraba a mucho y el PSOE no quería dar nada. A lo sumo unas carteras, con cierto peso a decir verdad, pero que a Pablo Iglesias le parecían migajas. Y se acabó la negociación por las bravas conduciendo al país a un 10-N que ha cambiado poco las cosas salvo abrir más la puerta a Vox en el Congreso de los Diputados.

Sánchez, antes, no quería ver a Iglesias ni en pintura... y ahora será vicepresidente y se sentará a su lado en la bancada del Gobierno. Gran foto para la historia. En estos momentos hay matrimonio entre los dos líderes. Pedro y Pablo se han casado por lo político para que España arranque. Compartirán tálamo de trabajo y aguantarán el tipo. Claro, que Pedro Sánchez, supongo, no podrá dormir tranquilo de ahora en adelante. Si acaso, con un ojo abierto.

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