Lunes, 21.10.2019 - 06:04 h

Las Trece Rosas violadoras, iglesias ardiendo y Franco listo para salir

Alerta. Por Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid se vino arriba la pasada semana en el pleno de la Asamblea de Vallecas y, para demostrarle a Vox quién es más grande y mejor, leyó un mensaje que ha reventado oídos y cegado ojos. "¿Qué será lo siguiente? ¿La cruz del Valle? ¿Todo el Valle? ¿Las parroquias del barrio? ¿Arderán como en el 36? Desde luego, el gobierno que se ha instalado en La Moncloa está una y otra vez perdurando en el bloqueo, en el estancamiento y Sánchez pretende que sea el propio Franco quien le saque de este desastre", dijo Ayuso en referencia a la exhumación del dictador.

A su lado, ocupando su escaño, estaba el naranja Ignacio Aguado, al que se le iba apretando el nudo de la corbata a cada sílaba que salía de la boca de la popular. Pensaría Aguado, y así fue, que luego tendría que salir a torear un morlaco de agárrate y no te menees ante la prensa. Por eso de ser Gobierno de coalición y ser él vicepresidente; para eso son los cargos.

Vamos, para Aguado que lo de Ayuso era metáfora pura, que lo de la quema de iglesias era solo una forma de hablar. Que se lo que se trata es de que nadie vuelva a quemar nada... Bla-bla-blá de la política.

Lo cierto, es que Ayuso atizó con sus palabras un fuego cuyas llamas no han parado de crecer. Javier Ortega Smith, secretario general de Vox y concejal en el Ayuntamiento de Madrid por esta formación, debió pensar que así se las ponían a Felipe II y arremetió en RTVE contra la memoria de las Trece Rosas, icono político-emocional de la izquierda. Las jóvenes, fusiladas en 1939, no serían algunas de ellas solo modistas; ni tan siquiera militantes o simpatizantes de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU); ni defensoras de la República. No. Las Trece Rosas eran, según Ortega Smith, violadoras y asesinas en las checas de Madrid.

Ayuso levantó las iras de los partidos de izquierdas, a los que no les gustó nada el relato leído a viva voz en el parlamento de Madrid, mientras que Ortega Smith redoblaba el ataque bombardeando en fibra sensible.

Cuando el PP de Casado trata de moverse hacia el centro habida cuenta del fracaso que le supuso en las últimas elecciones mirar hacia el extremo de la derecha, va Díaz Ayuso y se mueve en la foto. Al líder del PP, se diga lo que se diga, le habrá caído como jarro de agua fría la ocurrencia premeditada, por escrita, de la presidenta regional. Ahora el PP busca votos y puede que en ese espacio no haya papeletas. Justo ahora que lo que hace falta es templanza y calma, los que debieran ejercer de bomberos hacen de pirómanos.

Nada es casual en España. La refriega viene con la tarjeta de presentación de Francisco Franco Bahamonde. Franco está a punto de ser exhumado del Valle de los Caídos y en la derecha española y la derecha extrema truenan los cielos. El dictador está en su tumba, esperando. Desde hace casi 44 años. El que lo dejo todo atado y bien atado no tenía prevista esta maniobra; o sí.

Antes de final de mes, es lo previsto, operarios especializados desplazarán la pesada lápida de granito y extraerán el féretro para trasladarlo al cementerio de Mingorrubio, en El Pardo, cerca de donde Franco tenía su residencia oficial, y en el mismo lugar en el que descansan los restos de su mujer, Carmen Polo. En el exterior del panteón, Carlos Arias Navarro, Luis Carrero Blanco...

Nada es casual en España. El gobierno ha logrado los parabienes del Tribunal Supremo para proceder a sacar los restos de la sepultura de Cuelgamuros, con la familia del dictador en contra y en el marco de unas elecciones generales que estarán presididas por una sentencia a los presos del procés, que será condenatoria muy probablemente salvo que al juez Manuel Marchena le dé un aire.

Franco está en capilla y ha entrado de alguna manera en campaña; igual que el independentismo catalán, que además de sentencias muestra detenciones de elementos que trabajaban, al parecer, en la fabricación de explosivos para meter presión a una sociedad hastiada e incapaz de salir de la rueda del ratón que gira sin fin en su jaula.

Nada es casual en España. A poco más de un mes de las elecciones generales del 10-N, Albert Rivera, tal y como adelantó La Información, levantó el veto a Sánchez. Por el bien del país, según el naranja. Horas después, era Casado el que se movía haciendo guiños al PSOE.

Y mientras, Pedro Sánchez haciéndose un poco el sueco, pero midiendo lo que dice; Pablo Iglesias, cavando una trinchera para defender sus escaños; e Íñigo Errejón, a lo suyo, que lo que se lleve se lo llevará de calle y sin despeinarse.

A todo esto, la economía nacional e internacional tiemblan. Trump amenaza con aranceles, Europa contraataca, China juega a lo grande... En lo doméstico, las empresas ven con ojos de miedo el empleo, al tiempo que los trabajadores comprueban que la cosa no marcha como debiera. Y aquí, a vueltas con Franco, las Trece Rosas, el procés y las vanidades de algunos políticos mediocres que se disolverán en su incompetencia.

El 11-N puede haber acuerdo de izquierdas, de centro-izquierda, de derechas, de centro-derecha... O que nadie sume ni sea capaz de dar su brazo a torcer. ¡Cómo nos gusta votar!

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