Reconstrucción de una semana de infarto en el Gobierno

Un año del meteorito Covid: así entró en pánico Moncloa por el shock económico

La tarde del domingo 8 de marzo, tras las manifestaciones, llegaron los primeros informes alarmistas al Gobierno. El lunes las bolsas se desplomaron y Sánchez empezó a ser consciente de la gravedad de todo.

Un año del meteorito Covid: así entró en pánico Moncloa por el shock económico
Un año del meteorito Covid: así entró en pánico Moncloa por el shock económico
Jose Maria Cuadrado Jimenez / Moncloa

"Fue como un meteorito, el shock más fuerte que hemos vivido y que, probablemente, viviremos". Con esta frase resumen en las altas instancias de Moncloa lo ocurrido a partir de la tarde del domingo 8 de marzo de 2020. Hasta entonces en el Gobierno no terminaban de ser conscientes de la gravedad de lo que se avecinaba. En ningún gobierno. El coronavirus ya estaba descontrolado y pocos, o nadie, supieron verlo. Este lunes se cumple el primer aniversario del mayor seísmo que ha vivido la economía y la sociedad española desde la Guerra Civil. Fueron horas y días de infarto hasta que el sábado siguiente, día 14, el Consejo de Ministros declaró el estado de alarma. La historia parece lejana, pero sólo han pasado doce meses. Esta es la reconstrucción de lo que ocurrió en una semana donde todo cambió.

El 8 de marzo de 2020, el Gobierno pensaba que la situación no era de extrema gravedad. La mañana había sido festiva, con una asistencia masiva de varias ministras y a la manifestación feminista de Madrid: Carmen Calvo, Arancha González Laya, Isabel Celaá, Carolina Darias o la mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, estuvieron tras la pancarta. Con los informes oficiales y los datos de contagios que reportaban a Sanidad las comunidades autónomas no había motivos para no pensar que la situación no estaba bajo control. Nada por qué alarmarse. Incluso se autorizó el acto político de Vox en Vistalegre, con miles de personas juntas en un espacio cerrado. Pero la información que estaba llegando era sólo la punta del iceberg. La realidad era otra muy diferente. Esa misma tarde comenzaron a llegar a la cúpula del Ejecutivo los primeros informes oficiales apuntando a que la situación podría ser mucho más grave de los esperado. Las alarmas comenzaron a encenderse, siendo el día 9, lunes, el punto de inflexión.

Ese día Moncloa entró en pánico. La situación iba subiendo de gravedad hora tras hora. Las bolsas mundiales comenzaron a desplomarse y el Ibex vivió la primera de sus jornadas aciagas. Repsol, los bancos, Telefónica... Hacía mucho tiempo que no se vivía una jornada así en los mercados españoles. Fue, hasta ese momento, el peor día en el parqué desde que Sánchez llegó al poder. Se avecinaba la tormenta perfecta y los momentos más complicados para todos. Sánchez quiso mantener ese lunes los maitines con sus vicepresidentes. Carmen Calvo, Pablo Iglesias, Nadia Calviño y Teresa Ribera estuvieron en Moncloa desde primera hora abordando de forma monográfica la situación. Todos los indicadores ya estaban en rojo. La crisis no sólo era sanitaria sino que empezaba a ser económica. Se decidió entonces activar un plan de choque que se aprobaría al día siguiente, en el último Consejo de Ministros que se celebraría en su sala habitual en Moncloa. Lo anunció el propio Sánchez en un congreso de la asociación de autónomos ATA.

Desde el Gobierno destacan que "desde el principio" se dieron cuenta de que la crisis no iba a ser sólo sanitaria. También económica. Por eso desde ese mismo lunes se puso en marcha la munición. "No tuvimos desde el inicio discusión, todos comprendimos que había que poner en marcha medidas de carácter quirúrgico", indica un ministro. Dicho y hecho. Al día siguiente, en Consejo de Ministros, el Gobierno ya abordó las primeras medidas en un real decreto en el que se prohibían los desahucios a personas vulnerables. LA medida se quedó corta. La gravedad de la situación era cada día mayor y había que poner en marcha cortafuegos mucho más potentes. Se empezó entonces a pensar en los ERTE y en los créditos ICO.

Ese mismo martes 10 de marzo Sánchez convocaba la primera reunión interministerial para la coordinación de la respuesta al coronavirus. La imagen, tanto de esta cita como del Consejo de Ministros, sorprende hoy, doce meses después, por la ausencia de medidas de seguridad: todos los ministros y varios técnicos de alto nivel agrupados en torno a una mesa en Moncloa. La mascarilla, por aquel entonces, ni se contemplaba. Tampoco el gel hidroalcohólico. Menos de 48 horas después se producían los primeros dos positivos por Covid en el Ejecutivo: las ministras Irene Montero y Carolina Darias.

Primera reunión interministerial para la coordinación de la respuesta al coronavirus, el 10 de marzo de 2020
Primera reunión interministerial para la coordinación de la respuesta al coronavirus, el 10-M
Fernando Calvo / Moncloa

El miércoles fue un día de malas noticias. Toda la información que llegaba a Moncloa era negativa. Más y más casos. "Qué complicado fue todo aquello, ni dormíamos", rememora un alto cargo del complejo presidencial. La gravedad de la crisis sanitaria era cada vez más evidente y los hospitales empezaban a saturarse. En esas horas es cuando el Gobierno empieza a barajar pasar a una fase de contención del virus y comienza a estudiarse el confinamiento. Aún quedaba 72 horas para decretarlo, aunque en la calle, en los bares y restaurantes, en los comercios, en las empresas o en los centros de estudio la población ya empieza a tomar la decisión de quedarse en casa.

De hecho el jueves 12 una buena parte de los colegios españoles echa el cierre. La orden que quedarse en casa va extendiéndose por las comunidades autónomas, que ese día ya empiezan a asumir que la emergencia sanitaria es muy grave. En las empresas y en la administración pública ocurre lo mismo. Ese día Sánchez mantienen una reunión telemática con empresarios y sindicatos. Asiste la cúpula económica y política del Gobierno. La información que le transmiten es pésima. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que unos días antes había publicado una guía laboral recomendando, llegado el caso, el cierre de las empresas, pone sobre la mesa una cruda realidad sanitaria y laboral. Pero, de momento, Sánchez no quiere restringir la movilidad y anuncia una transferencia de 2.800 millones de euros a las comunidades autónomas para garantizar los recursos "que consideren necesarios" y evitar así las "tensiones" que están sufriendo algunas autonomías en la atención sanitaria.

Al día siguiente, el viernes 13, los informes del Departamento de Seguridad Nacional y del Ministerio de Sanidad son aún peores. Sánchez no tiene más remedio entonces que decidir el confinamiento domiciliario. No fue fácil pero "no había otra opción", admiten ahora en el Gobierno, un año después. El presidente encarga a la vicepresidenta Carmen Calvo y a Félix Bolaños, secretario general de Presidencia, que preparen el decreto. Iván Redondo, su jefe de gabinete, activa una comparecencia extraordinaria por la tarde y convoca un Consejo de Ministros extraordinario para el día siguiente, sábado 14 de marzo. Se dirige en estos términos a un país ya semiconfinado voluntariamente: "Buenas tardes, estimados compatriotas. En el día de hoy, acabo de comunicar al jefe del Estado la celebración mañana de un Consejo de Ministros extraordinario para decretar el estado de alarma en todo nuestro país, en toda España, durante los próximos 15 días".

El viernes 13, los informes del Departamento de Seguridad Nacional son aún peores. Sánchez no tiene más remedio que decretar el confinamiento

Fue un día histórico. El Gobierno estaba convocado a las 10:30 de la mañana en un nuevo escenario, la Sala Tàpies de Moncloa, que permite la separación. Allí, ante el cuadro 'El taller d'escultures', de Miquel Barceló (dos metros y 35 centímetros de altura y tres metros y 75 centímetros de ancho), estuvieron todos los ministros, a excepción de Darias y Montero, con Covid. El vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, pese a encontrarse en cuarentena, acude también cumpliendo un protocolo organizado por Presidencia. Todo era precipitado y no hubo tiempo a habilitar una vía telemática. Estuvieron siete horas y media encerrados en el segundo Consejo de Ministros más largo de la democracia, sólo superado por el que aprobó la expropiación de Rumasa en 1983 -doce horas de duración-. La economía fue la principal discusión en esa jornada que terminó entrada la tarde.

La presencia de Iglesias, coinciden las fuentes consultadas, fue decisiva en ese Consejo de Ministros. Desde los primeros momentos del cónclave a puerta cerrada quedó claro que el vicepresidente segundo no estaba allí como mero invitado. Peleó duro, muy duro, como los otros tres ministros presentes de Unidas Podemos, por que Sánchez fuera más contundente y el Gobierno de coalición aprobara desde ya más medidas económicas urgentes a las decretadas horas antes y que, bajo su punto de vista, se quedaron cortas. Dijo que la prioridad del Ejecutivo debía ser adoptar soluciones inmediatas para para trabajadores, empresarios, autónomos y otros colectivos sociales. Hubo unanimidad en apoyar su postura.

De hecho ese día Sánchez expuso que en el Consejo de Ministros del siguiente martes se iban a aprobar una serie medidas de apoyo a trabajadores, empresas y autónomos, se flexibilizarían los ERTE y se apoyaría la liquidez de las compañías. Era el primer gran paquete económico. La segunda parte del cónclave se dedicó a la evaluación de las medidas restrictivas. El presidente fue repasado uno a uno los puntos del decreto y escuchando la opinión de sus ministros. Se levantaron anocheciendo y Sánchez se dirigió al país para comunicarles la decisión.

Ha pasado un año ya de estas semana de infarto y, entre medias, el Gobierno fue aprobando quincenalmente prórroga a prórroga del estado de alarma. Más tarde sacó un nuevo decreto por seis meses que finalizará el próximo 9 de mayo. También, en este tiempo, la coalición tiene en el bolsillo sus primeros Presupuestos y, como ya ocurría antes de la irrupción del Covid, las peleas continúan. La pandemia está remitiendo pero las tensiones no han desparecido. Al contrario, se han incrementado.

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