Lunes, 09.12.2019 - 09:38 h

El Rey, en el avispero catalán, y los 'cinco tenores', debatiendo en la tele

Hay veces que las cosas coinciden en la vida. Se entregan hoy los premios Princesa de Girona. ¿En dónde? En Barcelona. ¿Y quién los entrega? Pues la Princesa de Girona, que no es otra que la Princesa Leonor, heredera de la Corona de España. ¿Ya viaja sola? Pues no. El Rey Felipe VI y la Reina Letizia, le acompañarán. Y también la infanta Sofía, que de paso hace pellas en el cole.

Los galardones se entregan en Barcelona por el boicot del Ayuntamiento de Girona a que el acto tuviese lugar en la provincia. Así están las cosas. Leonor va por vez primera a Cataluña y no le ajuntan los indepes. Raro no es, porque la comunidad autónoma que preside Quim Torra está caldeada a niveles máximos. La sentencia de cárcel para los principales líderes de procés ha arrastrado a la calle a muchos independentistas y, también, a auténticos profesionales del vandalismo, que se han apropiado muchas noches de las aceras y las calzadas y han puesto en aprietos a las fuerzas de orden público. El delirio llega al extremo de investigar a su propia policía autonómica y a reclamar la dimisión del Conseller de Interior.

Cómo estará la cosa que los secesionistas han pedido a la comitiva real que se abstenga de pisar suelo catalán, al menos hasta después del 10-N. Dicen que podrían interferir en la campaña electoral. Si los monarcas fueron silbados en los Princesa de Asturias, en Oviedo, en Barcelona puede haber ahora una sinfonía de pitos. De hecho, ya hay convocatorias en las proximidades del Palacio de Congresos, donde se desarrollará el acto, para echar más leña al fuego; aunque para garantizar la seguridad se desplazarán más efectivos policiales de refuerzo y en recuerdo de la presión que sufrió Pedro Sánchez en su reciente viaje a Barcelona.

Los Princesa de Girona se entregan por la tarde, cerca de la hora bruja en la que los alborotadores podrían aprovechar para hacerse notar. Si hasta algunos de sus referentes incitan a ello insistiendo en que es la forma de salir en los medios e internacionalizar el conflicto. Leonor pisará Barcelona, la Ciudad Condal, con el asfalto ardiendo bajo sus bailarinas en tonos pastel. Que no pase nada.

Poco después, también hoy, Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal se verán las caras en el cuadrilátero del debate electoral. Los 'cinco tenores' de la política española zurrándose dialécticamente ante las cámaras en riguroso 'prime time'.

El debate tiene su miga. Se celebra con buena parte de la población indecisa sobre a quién otorgar su voto y después del último CIS marciano. Este fin de semana, y hoy mismo La Informacion, dan a conocer sondeos electorales que hablan de un escenario distinto al maqueado por Tezanos. El PSOE se desinfla, Podemos pincha y Ciudadanos se va al garete, mientras el PP se beneficia al alza y Vox se dispara. Con todo, las matemáticas parece que no salen. Habrá que negociar mucho para que un nuevo gobierno salga a flote.

Pedro Sánchez se juega en gran medida esta noche seguir pisando la moqueta monclovita. Sánchez está pagando facturas, pero le queda la más abultada, la que puede mandarle al callejón. El presidente en funciones, al que la Junta Electoral Central ha llamado la atención, sigue en sus trece de liderar un gobierno progresista en solitario y en el que todos le hagan la ola. No parece Pablo Iglesias muy dispuesto a ser convidado de piedra. El PSOE se ha centrado políticamente para robar votos donde más hay mientras que Unidas Podemos se ha radicalizado y el electorado le cursa recibo de su penosa negociación para ayudar a formar Gobierno.

Pablo Casado ha crecido desde que se ha dejado barba. Pero debajo está el mismo candidato de las pasadas elecciones, que lo que ha visto claro es que derechizarse le sentaba mal y que la moderación podía ser un espaldarazo. La derecha extrema tiene su hueco, cada vez parece que más en España. Ahí Santiago Abascal cabalga solo y al trote. La derecha más desgastada y enclaustrada ha salido a la calle para apuntalar a Vox, al tiempo que comprobaba cómo los muertos cambian de domicilio por decisión política y orden judicial.

Queda para el quinteto Ciudadanos. Albert Rivera se disuelve como un azucarillo. Si los resultados refrendan lo que pronostican las encuestas, el político catalán tendrá que arrojar la toalla de un proyecto tan de autor como la UPyD, que mire usted dónde anda hoy. Rivera no ha estado fino. Se ha equivocado no reuniéndose con Sánchez, ha patinado queriendo un acuerdo in extremis para hacer presidente al del PSOE... Pinta mal para Rivera. Al menos, tiene perrito que le ladre.

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